La OTAN Islámica: de la Media Luna Suní a la Alianza Islámica, un nuevo equilibrio de poder en la región

Por la investigadora siria Kinana Khalaf Al-Kurdi

Oriente Medio está experimentando una transformación en el mapa de las alianzas, con el creciente acercamiento entre Arabia Saudita, Turquía y Pakistán, teniendo en cuenta el peso económico, político, militar y geográfico que poseen los tres países. Este acercamiento podría ir más allá de la coordinación tradicional para establecer, si evoluciona institucionalmente, el núcleo de una nueva alianza islámica que reformule los equilibrios de la región.

Este cambio puede describirse, desde el punto de vista geopolítico, como la «Media Luna Suní», y lo más importante es que se transforme en un sistema de seguridad e intereses comunes basado en la protección de la soberanía, la seguridad del comercio y la energía, el desarrollo de las industrias de defensa y el fortalecimiento de la disuasión y la coordinación política.

La región se encuentra ante una oportunidad para redefinir el concepto de seguridad islámica.

En lugar de que los países islámicos sigan siendo consumidores de la seguridad producida por las grandes potencias, pueden transformarse en productores de seguridad y estabilidad.

Desde esta perspectiva, el acercamiento saudí-turco-pakistaní puede ser el comienzo de la formación de un núcleo más amplio, si los tres países logran transformar el entendimiento político en instituciones y mecanismos permanentes de cooperación.

Estamos hablando de una nueva estructura estratégica capaz de proteger los intereses de sus Estados, elevar el costo de cualquier agresión contra ellos e impedir que sus territorios se conviertan en escenarios de conflictos por delegación.

Arabia Saudita representa el peso económico y político en el Golfo y el mundo árabe; Turquía posee una fuerza militar y una posición geopolítica excepcional, mientras que Pakistán aporta a la ecuación un peso militar y una capacidad de disuasión nuclear. La combinación de estos elementos otorga a cualquier cooperación estratégica entre ellos un peso que trasciende las fronteras de los tres países.

La importancia no radica en formar una alianza para enfrentar a Irán o a cualquier otro Estado, sino en restablecer el equilibrio en la región e impedir la política de imposición de influencia mediante actores aliados y milicias. La verdadera fuerza no consiste en encender la guerra, sino en poseer la capacidad de impedirla y elevar el costo de una agresión.

El éxito de este acercamiento para pasar del entendimiento político a la cooperación en materia de seguridad, economía, tecnología y defensa podría abrir la puerta a una nueva etapa en la que el mundo islámico sea más capaz de proteger sus intereses y producir su propia seguridad, en lugar de seguir siendo consumidor de la seguridad producida por las grandes potencias.

Cuando los principales Estados de la región comienzan a coordinar sus capacidades políticas, económicas y militares, el margen de maniobra de la influencia iraní se reduce gradualmente.

Y aquí la importancia de la alianza no radica en atacar a Irán, sino en cambiar las reglas del juego:

De una política de influencia unilateral a un equilibrio de influencias.

La Alianza Islámica no significa una guerra sectaria

Y este es un punto fundamental.

El concepto de «Media Luna Suní» es un proyecto islámico de seguridad regional abierto a los intereses comunes.

La verdadera confrontación de esta alianza se da entre la lógica del Estado y la lógica de las milicias transfronterizas; entre la seguridad colectiva y la lógica del caos; y entre la soberanía nacional y los proyectos de influencia transfronteriza.

El poder blando antes que el poder duro

Cualquier alianza islámica exitosa no se medirá únicamente por el tamaño de sus ejércitos.

La verdadera fuerza de esta alianza estará en todos los ámbitos.

Entonces, la alianza se convertirá en un proyecto para construir poder, no en un proyecto para gestionar el conflicto.

La Media Luna Suní puede ser una descripción geopolítica de esta etapa, mientras que la Alianza Islámica es el proyecto de poder capaz de transformar este cambio en una realidad estratégica.

Y el mensaje más importante: no estamos ante un proyecto de una nueva guerra, sino ante un intento de construir un equilibrio que impida la guerra y redibuje el mapa del poder en la región.

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