Vaca Muerta emerge como una pieza estratégica para el desarrollo de la inteligencia artificial en Argentina

Equipo de Noticias Latinas

El crecimiento de la inteligencia artificial suele asociarse con algoritmos, centros de datos y capacidad de cómputo, pero detrás de esa revolución existe una necesidad mucho más básica: disponer de enormes cantidades de energía. En ese escenario, Vaca Muerta podría convertirse en una de las principales ventajas estratégicas de Argentina para insertarse en la nueva economía tecnológica mundial.

Esa fue una de las principales conclusiones que dejaron las exposiciones de Mark Esposito, profesor de Política Tecnológica en la Universidad Northeastern, investigador asociado del Berkman Klein Center de la Universidad de Harvard y economista jefe de micro1, y Julen Baztarrica, socio de McKinsey y líder de la práctica de Energía de la consultora, durante el Coloquio de IDEA en Mar del Plata.

Aunque abordaron el tema desde perspectivas diferentes, ambos especialistas coincidieron en un punto central: el futuro tecnológico no depende solamente de desarrollar inteligencia artificial. También requiere energía, infraestructura, datos y una estrategia geopolítica capaz de integrarlos.

De aceptar las reglas a participar en su diseño

Esposito planteó que Argentina enfrenta una decisión estratégica respecto de su lugar dentro de la transformación tecnológica global.

El especialista diferenció entre los países que actúan como rule takers, sujetos a normas y decisiones diseñadas por otros, y aquellos que consiguen convertirse en rule shapers, con capacidad para participar en la definición de las reglas que organizan el nuevo escenario tecnológico.

“En este momento, Argentina es un tomador de reglas. No determina en ningún punto su participación en la conversación más amplia sobre tecnología. Pero esto puede cambiar”, sostuvo. نص Markdown ملصق

Según explicó, la representación internacional en los principales ámbitos de gobernanza de la inteligencia artificial continúa siendo limitada y una gran cantidad de países permanece fuera de los espacios donde se establecen las reglas.

Para Esposito, esa posición no es irreversible.

Argentina dispone de recursos que podrían permitirle abandonar un papel pasivo y adquirir mayor capacidad de decisión dentro de la economía digital.

La inteligencia artificial necesita mucho más que computadoras

Una de las principales advertencias del académico fue que el debate sobre inteligencia artificial suele concentrarse en el software y pierde de vista la infraestructura física que permite su funcionamiento.

“La conversación no es solo sobre la tecnología de la IA. Eso es lo que leemos en los titulares. Se trata más de la infraestructura que sostiene a la inteligencia artificial”, explicó.

Esa infraestructura necesita tres recursos fundamentales: energía, agua y minerales.

Esposito planteó una secuencia concreta para comprender el nuevo escenario económico: primero debe existir energía suficiente, después una infraestructura capaz de gestionar los datos y recién entonces puede desarrollarse a gran escala la inteligencia artificial.

Construir centros de datos sin garantizar previamente la capacidad energética necesaria puede terminar generando proyectos que existen sobre el papel pero carecen del respaldo material para operar.

El riesgo de convertirse en una “colonia digital”

El especialista utilizó el concepto de “colonia digital” para describir el riesgo que enfrentan los países incapaces de ejercer influencia sobre las grandes transformaciones tecnológicas.

Su análisis identifica una “triple transición”: inteligencia artificial y datos, infraestructura energética y posicionamiento geopolítico.

“Perder la oportunidad en estas tres preguntas posiciona naturalmente a un país como colonia digital sin agencia. Este no es el tipo de futuro que uno quiere para ningún país”, advirtió.

La cuestión, según su planteo, no consiste únicamente en utilizar tecnologías desarrolladas en otros países, sino en determinar qué capacidad tendrá cada Estado para decidir cómo se construye su infraestructura, cómo administra sus datos y qué posición ocupa dentro de las cadenas tecnológicas internacionales.

Cuatro modelos tecnológicos diferentes

Esposito identificó cuatro grandes formas de relacionarse con la innovación.

Estados Unidos representa un modelo donde el sector privado ocupa un papel predominante y la intervención estatal es comparativamente menor.

La Unión Europea, en cambio, prioriza la regulación, los derechos y la gobernanza. Según el especialista, esa orientación generó tensiones que ralentizaron parte de la adopción tecnológica.

Un tercer modelo aparece en países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Singapur, donde el Estado desempeña un papel central como impulsor de la transformación digital.

Finalmente, existe un grupo de economías emergentes que dependen en mayor medida de inversión y financiamiento externo para construir infraestructura tecnológica. Esposito ubicó a Argentina dentro de esta última categoría, junto con Sudáfrica y otros países.

Argentina todavía tiene una oportunidad

Pese a su diagnóstico sobre la posición actual del país, Esposito consideró que Argentina dispone de condiciones para modificarla.

“Si este fuera un país sin ninguna chance, jamás habría hecho una presentación como esta. Por eso Argentina tiene una apertura. No es una hoja en blanco, pero este es un país que tiene oportunidad”, afirmó.

Entre los activos argentinos mencionó la existencia de talento técnico, recursos minerales y una transición energética en desarrollo.

También destacó el sistema democrático como una ventaja, aunque advirtió sobre la necesidad de generar confianza institucional mediante políticas que puedan mantenerse más allá de los ciclos gubernamentales.

Como aspecto pendiente, señaló que Argentina permanece por debajo del promedio de los países de la OCDE en indicadores relacionados con gobierno digital y datos abiertos.

Vaca Muerta entra en la ecuación tecnológica

La exposición de Baztarrica permitió conectar directamente esa discusión con Vaca Muerta.

El especialista proyectó que el consumo mundial de electricidad pasará de aproximadamente 27.000 teravatios/hora en la actualidad a más de 60.000 teravatios/hora hacia 2050.

La expansión tendrá diferentes motores: electrificación del transporte, crecimiento industrial, mayor demanda de climatización en economías emergentes y proliferación de centros de datos necesarios para la inteligencia artificial.

El crecimiento de la IA, por lo tanto, implicará también una competencia internacional por garantizar energía abundante y confiable.

Es allí donde los recursos argentinos adquieren una dimensión que excede ampliamente al sector petrolero y gasífero.

El gas mantendría un papel relevante hacia 2050

Baztarrica estimó que los combustibles fósiles, que actualmente representan alrededor del 65% del consumo energético final mundial, todavía explicarían entre el 40% y el 55% hacia 2050.

Dentro de ese escenario, el gas natural conservaría una posición importante por su flexibilidad, su capacidad para complementar fuentes renovables y una intensidad de emisiones de dióxido de carbono menor que la del petróleo.

El especialista también vinculó las actuales tensiones internacionales con nuevas oportunidades para productores capaces de incrementar su oferta.

Según su análisis, la guerra en Irán y las restricciones sobre los trenes de licuefacción de Catar generaron demanda adicional de gas que Estados Unidos no puede abastecer completamente, abriendo espacio para nuevos proveedores.

El potencial de Vaca Muerta

Los datos presentados durante el Coloquio colocaron a Vaca Muerta entre los grandes recursos energéticos mundiales.

Según Baztarrica, constituye la segunda reserva de gas no convencional más grande del planeta, con recursos equivalentes a aproximadamente dos años del consumo global.

También representa la cuarta reserva mundial de petróleo no convencional, con volúmenes comparables a cerca de un año de demanda internacional.

El costo de equilibrio fue situado alrededor de los 40 dólares por barril, frente a un precio de mercado cercano a los 100 dólares, mientras que la intensidad de emisiones de dióxido de carbono fue presentada como relativamente baja frente a otras cuencas.

Hasta USD 100.000 millones de inversión hacia 2030

Las proyecciones económicas presentadas por McKinsey muestran la escala que podría alcanzar el desarrollo.

La consultora estima una inversión acumulada de hasta USD 100.000 millones en Vaca Muerta hacia 2030.

Para ese mismo año, las exportaciones podrían superar los USD 30.000 millones anuales y la actividad tendría potencial para generar alrededor de 200.000 empleos directos e indirectos.

El impacto sobre la economía argentina podría alcanzar hasta cinco puntos porcentuales del producto bruto interno.

“Pocas oportunidades económicas tienen una escala comparable”, sostuvo Baztarrica.

Energía, datos e inteligencia artificial

El vínculo entre Vaca Muerta y la inteligencia artificial no implica que el yacimiento vaya a transformarse directamente en un polo tecnológico.

La relación es estructural: los centros de datos y la infraestructura digital necesitan grandes cantidades de electricidad, y la disponibilidad energética se está convirtiendo en uno de los factores que determinan dónde pueden localizarse las inversiones vinculadas con la IA.

Para Argentina, el desafío consiste entonces en transformar sus recursos naturales en infraestructura y capacidad productiva, en lugar de limitarse a ocupar el papel de proveedor de materias primas.

La posibilidad de participar activamente en la revolución de la inteligencia artificial dependerá, según la mirada expuesta en IDEA, de conectar varias piezas al mismo tiempo: energía, redes eléctricas, centros de datos, talento, minerales, inversión, regulación y una política tecnológica capaz de sostenerse en el tiempo.

Vaca Muerta aparece así dentro de una discusión mucho más amplia que la producción de petróleo y gas. Su desarrollo podría convertirse en uno de los pilares materiales sobre los cuales Argentina construya su participación en la economía digital global o, por el contrario, en otro recurso estratégico cuya explotación no alcance para modificar el lugar del país dentro del nuevo mapa tecnológico.

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