Equipo de Redacción – Noticias Latinas
El Gobierno de Javier Milei incorporó a sus discusiones económicas internas uno de los asuntos más controvertidos de la política argentina: la relación entre el valor del dólar, la competitividad de la producción nacional y las posibilidades de crecimiento económico.
La participación del economista Alberto Ades en una reunión del Gabinete nacional puso nuevamente sobre la mesa el interrogante de si Argentina puede sostener una expansión de su economía con un tipo de cambio real relativamente bajo.
El debate se produce en un contexto marcado por la desaceleración de la actividad, las expectativas de recuperación para el último trimestre de 2026, la estabilidad cambiaria y una inflación que el equipo económico busca mantener bajo control.
Mientras algunos economistas advierten sobre las dificultades que podría generar un peso apreciado para determinados sectores productivos, el Gobierno sostiene que no existen fundamentos suficientes para promover una devaluación deliberada.
La discusión involucra variables que van más allá de la cotización del dólar: exportaciones, productividad, inversiones, salarios, comercio exterior y capacidad de crecimiento a largo plazo.
Alberto Ades llevó al Gabinete la discusión sobre el atraso cambiario
La presencia de Alberto Ades, ex economista jefe de Goldman Sachs, representó una novedad en las reuniones del Gabinete encabezadas por Milei.
El mandatario había mantenido anteriormente encuentros con especialistas económicos, entre ellos Juan Carlos de Pablo, pero la exposición de Ades introdujo formalmente una discusión técnica sobre el nivel del tipo de cambio real dentro de una reunión ministerial.
Durante su presentación, el economista sostuvo que el tipo de cambio argentino se encuentra aproximadamente un 29% por debajo del promedio registrado durante los últimos 23 años.
También señaló que su nivel actual es inferior al observado durante 2017, bajo la presidencia de Mauricio Macri, antes de la crisis cambiaria de 2018 que derivó en un acuerdo de asistencia financiera con el Fondo Monetario Internacional.
Sin embargo, Ades estableció diferencias entre ambos escenarios económicos.
A su entender, los indicadores comerciales y externos actuales ofrecen condiciones distintas de las que existían antes de aquella crisis.
El economista destacó el superávit comercial y el saldo positivo de la cuenta corriente como elementos que pueden contribuir a sostener la estabilidad cambiaria.
No obstante, advirtió que la permanencia de un tipo de cambio real apreciado dependerá de que las condiciones económicas permitan sostenerlo.
En otras palabras, el valor actual del peso deberá encontrar respaldo en la evolución de la productividad, las inversiones y el desempeño externo.
El Gobierno rechaza una devaluación como herramienta para impulsar la actividad
La posición predominante dentro del equipo económico es que no resulta necesario provocar un incremento brusco del dólar para mejorar la competitividad.
Uno de los argumentos oficiales se relaciona con las perspectivas de exportaciones y con el ingreso de divisas provenientes de sectores estratégicos.
La producción agropecuaria, los hidrocarburos y la minería aparecen entre las principales actividades capaces de aportar dólares a la economía argentina.
El viceministro de Economía, José Luis Daza, ha cuestionado reiteradamente la posibilidad de determinar con precisión un valor de equilibrio para el tipo de cambio real.
Desde esa perspectiva, establecer administrativamente cuál debería ser el precio adecuado del dólar supone dificultades técnicas considerables.
La postura oficial también considera que una devaluación podría generar consecuencias negativas sobre los precios internos y los ingresos de los trabajadores.
Por ese motivo, el Gobierno prioriza la estabilidad cambiaria como uno de los componentes de su estrategia para contener la inflación.
Sin embargo, la ausencia de una devaluación no elimina el desafío de recuperar el crecimiento en los sectores que enfrentan dificultades para competir o expandir su producción.
El Banco Central y las compras de reservas
Otro elemento relevante de la discusión es la acumulación de divisas por parte del Banco Central.
Según las cifras mencionadas en el debate económico, la autoridad monetaria se aproxima a los 15.000 millones de dólares en compras acumuladas.
Este dato es utilizado por quienes consideran que no existe una presión cambiaria suficiente para justificar una corrección abrupta del tipo de cambio.
La capacidad de adquirir reservas sin generar una alteración significativa de la cotización constituye un indicador importante para evaluar las condiciones del mercado.
No obstante, las compras de dólares deben analizarse junto con otros factores, como las obligaciones externas, los movimientos financieros y la evolución de la demanda de moneda extranjera.
Durante las últimas semanas circularon propuestas muy diferentes sobre cómo administrar el mercado cambiario.
Algunas plantearon establecer impuestos sobre determinadas compras de dólares, mientras que otras propusieron permitir un ajuste considerable de la cotización.
También surgieron iniciativas para gravar gastos en el exterior o acelerar las compras de divisas del Banco Central.
Estas alternativas reflejan la persistencia de posiciones contrapuestas acerca del papel que debe desempeñar el tipo de cambio en la economía argentina.
El comercio exterior y los precios internacionales favorecen el ingreso de dólares
La evolución de los términos de intercambio constituye otro argumento importante en el debate.
Este indicador relaciona los precios de los productos que un país exporta con los de aquellos que importa.
Cuando los precios de exportación aumentan más que los de importación, la economía puede obtener mayores ingresos externos por una cantidad equivalente de bienes vendidos.
En el escenario descrito por los analistas, Argentina se beneficia de precios internacionales favorables para productos como el petróleo y la soja.
El barril de petróleo por encima de los 100 dólares y la mejora de las cotizaciones de determinados productos agropecuarios contribuyen a fortalecer los ingresos por exportaciones.
Al mismo tiempo, la ausencia de aumentos equivalentes en los precios de importación mejora las condiciones del intercambio comercial.
Esta combinación puede contribuir a reducir las presiones sobre el mercado cambiario.
Sin embargo, los términos de intercambio dependen de condiciones internacionales que pueden modificarse y no constituyen, por sí solos, una garantía permanente de estabilidad.
Brasil y la apreciación del real modifican la competitividad regional
La evolución de la moneda brasileña también influye en el análisis del tipo de cambio argentino.
Brasil es uno de los principales socios comerciales de Argentina, por lo que las variaciones del real afectan los precios relativos entre ambas economías.
De acuerdo con los valores citados en el análisis económico, la cotización del dólar en Brasil pasó de aproximadamente seis reales a menos de cinco en poco más de un año.
La apreciación de la moneda brasileña implica que los productos y servicios de ese país pueden resultar relativamente más costosos para quienes disponen de pesos argentinos.
El turismo es uno de los sectores donde esta modificación puede observarse con mayor claridad.
Un real más fuerte encarece los gastos de los argentinos que viajan a destinos brasileños y puede mejorar, en términos relativos, la competitividad de determinados bienes y servicios argentinos.
Por esa razón, la evolución del tipo de cambio bilateral debe incorporarse al análisis de la competitividad y no limitarse únicamente a la relación entre el peso y el dólar estadounidense.
La apreciación del real constituye así un factor que puede reducir parte de la presión sobre el tipo de cambio argentino, aunque sus efectos varían según la actividad económica considerada.
La brecha cambiaria se mantiene reducida
Otro de los indicadores utilizados para evaluar el mercado es la diferencia entre el dólar oficial y el contado con liquidación.
Según los valores citados, esa brecha se encuentra alrededor del 5%.
La distancia relativamente reducida entre ambas cotizaciones es interpretada como una señal de menor tensión cambiaria respecto de períodos anteriores.
El contado con liquidación permite obtener divisas mediante operaciones con activos financieros y constituye una referencia para empresas e inversores.
Sin embargo, la existencia de una brecha pequeña no significa necesariamente que todas las restricciones cambiarias hayan desaparecido ni que sus efectos sean idénticos para todos los sectores.
Las condiciones de acceso a divisas, los costos operativos y las regulaciones aplicables pueden variar según el tipo de transacción.
En cualquier caso, la diferencia entre ambas cotizaciones representa una de las variables observadas por el mercado para evaluar la estabilidad del esquema cambiario.
¿Qué sectores podrían beneficiarse de un dólar más alto?
Una depreciación del peso puede mejorar, bajo determinadas condiciones, los ingresos en moneda local de las actividades exportadoras.
También puede favorecer a sectores que compiten con productos importados o que venden servicios a consumidores extranjeros.
Entre las actividades mencionadas en el debate figuran la construcción y el turismo receptivo.
Sin embargo, los beneficios de un dólar más alto no son automáticos ni se distribuyen de manera uniforme.
Las empresas que dependen de maquinaria, insumos o componentes importados pueden enfrentar mayores costos de producción.
Asimismo, una depreciación puede trasladarse a los precios internos y reducir el poder adquisitivo de los salarios.
Ades señaló precisamente este último riesgo al analizar las posibles consecuencias de una corrección cambiaria.
Por otra parte, la evolución de la construcción y de la industria depende de factores adicionales, como el crédito, la inversión, la demanda interna, la infraestructura y la estabilidad de las reglas económicas.
Por lo tanto, el tipo de cambio constituye una variable relevante, pero no suficiente para explicar por sí sola el desempeño de los distintos sectores productivos.
El crecimiento económico se convierte en la principal preocupación
Aunque el Gobierno considera que la discusión sobre una devaluación discrecional está resuelta, la evolución de la actividad económica continúa planteando interrogantes.
Las estimaciones privadas citadas en el análisis sitúan el crecimiento del Producto Bruto Interno de 2026 por debajo del 2%.
La expansión se concentra principalmente en actividades vinculadas con el agro, la energía y la minería.
Estos sectores tienen capacidad para generar exportaciones y divisas, pero su crecimiento no necesariamente se traduce de manera inmediata en una recuperación equivalente del conjunto del mercado laboral y del consumo.
La industria, la construcción y el comercio enfrentan condiciones diferentes y dependen en mayor medida de la demanda interna.
Esta divergencia explica por qué pueden coexistir indicadores favorables en el sector externo con dificultades en determinadas ramas de la economía real.
La discusión sobre el dólar se vincula, por lo tanto, con una pregunta más amplia: cómo lograr que la estabilidad macroeconómica se transforme en una expansión sostenida de la producción, la inversión y el empleo.
La economía atraviesa una recesión técnica
Los datos de actividad correspondientes a agosto fueron interpretados como una confirmación de que la economía argentina acumuló dos trimestres consecutivos de contracción.
Esa secuencia es habitualmente utilizada para identificar una recesión técnica.
Sin embargo, las expectativas recogidas entre analistas apuntan a una posible recuperación durante el último trimestre de 2026.
Las proyecciones mencionadas contemplan una mejora de la actividad cercana al 1,7% en ese período.
El escenario supone que la evolución de los salarios reales, la estabilidad del dólar y la moderación de la inflación podrían contribuir a recuperar gradualmente el consumo.
También se espera que algunos indicadores de septiembre reflejen una mejora respecto de la caída registrada en julio.
Estas previsiones, no obstante, dependen de la evolución efectiva de los indicadores económicos y no representan resultados ya confirmados.
La recuperación deberá observarse en los datos de producción, empleo, inversión y ventas para determinar su alcance.
Inflación, salarios y consumo: las variables que definirán la recuperación
La desaceleración de los precios continúa siendo uno de los objetivos centrales del programa económico.
El índice de inflación de la Ciudad de Buenos Aires registró un aumento del 1,8% en septiembre, según las cifras citadas.
Para el indicador nacional correspondiente al mismo mes se esperaba un resultado próximo a ese nivel, después del 1,7% registrado en agosto.
El economista Fernando Marull estimó que la inflación podría regresar al 1,7% en octubre.
Estas previsiones reflejan expectativas de estabilidad, aunque la evolución de los precios depende de múltiples factores.
El comportamiento del dólar, los costos de producción, las tarifas, los salarios y la demanda interna pueden influir sobre la trayectoria inflacionaria.
Una inflación moderada permite que los aumentos nominales de ingresos tengan mayores posibilidades de traducirse en mejoras reales del poder adquisitivo.
Sin embargo, la recuperación del consumo dependerá de que los salarios efectivamente crezcan por encima de los precios y de que mejoren las condiciones de empleo.
Las experiencias internacionales y el papel de la productividad
El debate argentino también encuentra referencias en países que atravesaron procesos de apreciación de sus monedas.
Corea del Sur, Israel y Chile aparecen entre los ejemplos mencionados por los economistas.
En esos casos, el fortalecimiento cambiario estuvo asociado a transformaciones productivas, mejoras de competitividad, inversiones y expansión de las exportaciones.
La comparación plantea una cuestión fundamental: la diferencia entre una moneda que se aprecia como consecuencia de una mayor productividad y una apreciación que no cuenta con respaldo suficiente en la economía real.
Cuando las empresas aumentan su eficiencia, incorporan tecnología y amplían su capacidad exportadora, pueden sostener una mayor competitividad incluso con una moneda relativamente fuerte.
En cambio, si los costos internos aumentan sin mejoras equivalentes en productividad, determinados sectores pueden perder capacidad para competir internacionalmente.
La experiencia comparada muestra que el valor del dólar no puede analizarse de manera aislada de las condiciones estructurales de cada economía.
El horizonte de 2027 y las expectativas económicas
El Gobierno espera ingresar en 2027 con un escenario caracterizado por mayor estabilidad cambiaria, inflación moderada y una recuperación gradual de la actividad.
La evolución del consumo y de los salarios reales será especialmente relevante para evaluar si esa mejora alcanza a una proporción más amplia de la economía.
También será importante observar la capacidad de los sectores exportadores para sostener el ingreso de divisas y de las actividades orientadas al mercado interno para recuperar sus niveles de producción.
El contexto regional, incluido el desempeño económico de Brasil, puede influir sobre las condiciones comerciales y financieras argentinas.
Sin embargo, la evolución política de otros países y las expectativas electorales no sustituyen los indicadores económicos necesarios para determinar la sostenibilidad del crecimiento.
Las perspectivas para 2027 dependerán de la continuidad de la estabilidad macroeconómica, las decisiones de inversión y la recuperación efectiva de la actividad productiva.
El desafío de crecer sin recurrir a una devaluación
La discusión instalada en el Gabinete refleja una tensión persistente en la economía argentina: cómo compatibilizar un tipo de cambio estable con las necesidades de competitividad y expansión productiva.
El Gobierno considera que el desempeño exportador, la acumulación de reservas y las condiciones del mercado no justifican una devaluación deliberada.
Al mismo tiempo, las advertencias sobre el nivel del tipo de cambio real plantean la necesidad de observar si la economía puede sostener esa cotización en el mediano plazo.
El crecimiento dependerá de factores que exceden el mercado cambiario, entre ellos la productividad, el financiamiento, la inversión, la demanda interna y la inserción internacional de las empresas argentinas.
La cuestión central ya no se limita a determinar cuánto debería valer el dólar, sino a establecer qué condiciones necesita Argentina para crecer de manera sostenida sin comprometer la estabilidad de precios ni el poder adquisitivo de la población.