Una señal alrededor de los ojos podría anticipar un mayor riesgo cardiovascular durante años

Equipo de Noticias Latinas

Los infartos y los accidentes cerebrovasculares suelen aparecer como episodios repentinos, pero los procesos que los favorecen pueden desarrollarse silenciosamente durante años. La aterosclerosis, caracterizada por la acumulación progresiva de placas en las arterias, es uno de los principales mecanismos detrás de estas emergencias y puede avanzar sin provocar síntomas evidentes.

Por ese motivo, diferentes investigaciones buscan identificar señales capaces de advertir sobre un riesgo cardiovascular aumentado antes de que se produzca una crisis. Los estudios recientes abarcan desde manifestaciones visibles en el rostro y la piel hasta marcadores de inflamación en sangre y técnicas de imagen capaces de detectar directamente placas arteriales.

Entre esos posibles indicadores, una investigación volvió a poner la atención sobre unas pequeñas placas amarillentas que pueden aparecer alrededor de los párpados: el xantelasma. نص Markdown ملصق

Qué es el xantelasma y por qué interesa a los investigadores

El xantelasma se manifiesta mediante depósitos o manchas amarillentas alrededor de los ojos. Se produce cuando determinadas células del sistema inmunitario, conocidas como macrófagos, acumulan colesterol y otras grasas.

Aunque generalmente se considera una afección dermatológica benigna, un estudio publicado en la revista Atherosclerosis analizó si su presencia podría utilizarse además como marcador clínico para identificar personas con mayor riesgo cardiovascular.

La investigación estudió a 17.925 personas diagnosticadas con xantelasma y las comparó con la misma cantidad de participantes utilizados como controles.

Durante un seguimiento de diez años, las personas con xantelasma mantuvieron un riesgo de sufrir un ataque cardíaco entre dos y tres veces superior al registrado en el grupo de comparación. Una diferencia semejante apareció también en los accidentes cerebrovasculares y los episodios isquémicos transitorios.

La asociación persistió durante una década y, además, los eventos cardíacos mostraron niveles similares entre pacientes con xantelasma independientemente de que presentaran o no concentraciones anormalmente elevadas de grasas en sangre. Esto llevó a los investigadores a considerar que el colesterol elevado, por sí solo, no explicaría completamente la relación.

Una señal de riesgo, no una causa de infarto

La presencia de xantelasma no significa que una persona vaya necesariamente a sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular.

Los investigadores tampoco sostienen que esas lesiones sean responsables de provocar los eventos cardiovasculares. La importancia del hallazgo reside en que podrían actuar como una señal que justifique una evaluación preventiva más completa.

Esto adquiere especial relevancia porque algunas personas consultan al médico por estas lesiones únicamente debido a su aspecto estético, aunque detrás podrían existir factores cardiovasculares todavía no diagnosticados o insuficientemente controlados.

Por lo tanto, la aparición de estas manchas no debe interpretarse como un diagnóstico, sino como una posible oportunidad para revisar el estado cardiovascular.

La inflamación también puede advertir cambios silenciosos

Otra línea de investigación se concentra en procesos que no pueden observarse externamente.

Un estudio publicado en el European Journal of Preventive Cardiology examinó información de casi 500.000 participantes del UK Biobank durante aproximadamente 15 años para estudiar el impacto de la inflamación crónica de bajo grado.

Los investigadores utilizaron un marcador sanguíneo denominado GlycA y encontraron que las personas ubicadas en el quintil con los valores más elevados presentaron un 43% más de riesgo de sufrir un infarto, un accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca o muerte de origen cardíaco respecto de quienes estaban en el quintil inferior.

A diferencia de la inflamación temporal que puede producir una infección o una lesión, GlycA permite observar una respuesta inflamatoria sostenida.

Además, al analizar imágenes cardíacas de aproximadamente 70.000 participantes, los investigadores encontraron una asociación entre mayores niveles de inflamación y modificaciones en la estructura del corazón, entre ellas paredes más gruesas, cámaras cardíacas más pequeñas y un llenado menos eficiente entre los latidos.

La aterosclerosis puede comenzar mucho antes de los síntomas

Otro estudio internacional aportó evidencia sobre la extensión de la enfermedad arterial silenciosa.

La investigación, desarrollada por equipos de Dinamarca y España y publicada en The New England Journal of Medicine, utilizó técnicas avanzadas de imagen en más de 16.800 adultos de entre 18 y 70 años que no tenían enfermedad cardiovascular conocida.

Los investigadores detectaron placas arteriales en el 57,1% de los participantes.

La frecuencia aumentó notablemente con la edad. La presencia de placas pasó de aproximadamente uno de cada 13 adultos menores de 30 años a cerca de nueve de cada diez personas de entre 60 y 70 años.

Los resultados refuerzan la posibilidad de que la aterosclerosis comience décadas antes de que aparezca un infarto, un accidente cerebrovascular u otra manifestación clínica.

El trabajo forma parte del estudio internacional REACT, cuyo objetivo es determinar la frecuencia de la placa arterial silenciosa durante las diferentes etapas de la vida adulta.

Detectar la enfermedad antes de que provoque una emergencia

Durante décadas, la evaluación cardiovascular preventiva se apoyó fundamentalmente en factores como la edad, la presión arterial y los niveles de colesterol.

Las nuevas técnicas de imagen permiten avanzar un paso más y buscar directamente la presencia de enfermedad arterial antes de que produzca síntomas.

Los investigadores del estudio REACT observaron además que las escalas convencionales de riesgo consiguieron identificar solamente a una parte de las personas que ya presentaban placas silenciosas.

Esto no significa que los factores tradicionales hayan perdido importancia. Hipertensión, colesterol elevado, diabetes, sobrepeso, tabaquismo, consumo de alcohol y escasa actividad física continúan formando parte de los principales elementos utilizados para evaluar el riesgo cardiovascular.

Los nuevos marcadores buscan complementar esa información y detectar situaciones que podrían pasar inadvertidas mediante los métodos tradicionales.

Otros cambios visibles que merecen atención

La piel también puede proporcionar determinadas señales relacionadas con enfermedades cardiovasculares o con factores que aumentan su riesgo.

Además de los depósitos amarillentos de colesterol, existen otras manifestaciones que pueden justificar una consulta médica.

Entre ellas se encuentra la hinchazón de pies y de la parte inferior de las piernas, que en determinados casos puede aparecer cuando el corazón no consigue funcionar adecuadamente.

También existen líneas oscuras o rojizas debajo de las uñas, nódulos dolorosos en los dedos y determinadas lesiones en las palmas de las manos o las plantas de los pies que pueden estar relacionadas con infecciones cardíacas.

Ninguno de estos signos permite realizar por sí mismo un diagnóstico. Su importancia depende del contexto clínico y de la evaluación de un profesional.

Cuándo ya no se trata de prevención sino de una emergencia

Es importante diferenciar los posibles marcadores de riesgo de los síntomas que pueden indicar que un infarto o un accidente cerebrovascular ya está ocurriendo.

En un ACV, las señales pueden incluir la caída o el entumecimiento repentino de un lado de la cara, pérdida del equilibrio, alteraciones súbitas de la visión, debilidad en un brazo y dificultades para hablar o comprender.

También pueden aparecer parálisis de la cara, un brazo o una pierna, dolor de cabeza repentino e intenso y problemas para caminar.

Si alguno de estos síntomas aparece de manera súbita, incluso si posteriormente desaparece, se requiere atención médica inmediata.

Las señales de un ataque cardíaco

Los síntomas de un infarto suelen presentarse de manera diferente.

Una de las manifestaciones más frecuentes es la molestia o presión en el centro del pecho que permanece durante varios minutos o aparece y desaparece.

También pueden producirse dolor o molestias en uno o ambos brazos, espalda, cuello, mandíbula o estómago, además de dificultad para respirar, sudor frío, náuseas o mareos.

Frente a estas manifestaciones, el tiempo es determinante y se debe solicitar asistencia médica de emergencia.

Los estudios sobre xantelasma, inflamación crónica y placas arteriales silenciosas apuntan precisamente al objetivo contrario: identificar el riesgo mucho antes de llegar a esa situación.

La posibilidad de reconocer señales tempranas no significa que una mancha en la piel o un determinado marcador sanguíneo permita predecir individualmente quién sufrirá un infarto. Pero sí refuerza una idea cada vez más presente en la investigación cardiovascular: muchas enfermedades que parecen manifestarse repentinamente pueden haber comenzado a desarrollarse décadas antes.

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