Por el Dr. Abdelaziz Tarekji
– Periodista de investigación y experto en violaciones internacionales de derechos humanos –
La Transformación histórica en el escenario internacional
La causa palestina atraviesa hoy un momento decisivo: el mundo es testigo de un creciente número de reconocimientos oficiales al Estado de Palestina, lo que constituye un cambio cualitativo en la trayectoria de un pueblo que ha sufrido durante décadas la ocupación, el desplazamiento y el genocidio.
Estos reconocimientos no representan simplemente una posición política, sino que consolidan un derecho fundamental garantizado por los ordenamientos internacionales y humanitarios, constituyendo una victoria legal y moral para el pueblo palestino oprimido.
Detrás de estos logros se encuentra el Reino de Arabia Saudita, con su diplomacia equilibrada y su liderazgo activo, desempeñando un papel esencial en impulsar a la comunidad internacional hacia el reconocimiento del derecho palestino. Es un mensaje claro: Arabia Saudita no es únicamente una potencia económica o religiosa, sino también un Estado garante de la paz que busca afianzar la justicia internacional y enfrentar la ocupación y la agresión.
Los reconocimientos internacionales como afirmación jurídica
El reconocimiento de los Estados a Palestina constituye un paso legal y político crucial para consagrar el Derecho legítimo del pueblo palestino a la autodeterminación y a establecer su Estado independiente sobre su territorio ocupado, de conformidad con las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas.
Estos reconocimientos restituyen la dignidad al pueblo palestino y le otorgan legitimidad internacional que fortalece su resistencia frente a la maquinaria de agresión que continúa perpetrando crímenes de genocidio sistemático contra los civiles desarmados en Gaza.
El derecho internacional humanitario y los tratados de derechos humanos afirman de manera inequívoca la prohibición de adquirir territorios por la fuerza y la nulidad de la ocupación como hecho consumado. En consecuencia, la solución de dos Estados ya no es simplemente una opción de negociación, sino una obligación jurídica y ética para la comunidad internacional.
– Artículo 1 de la Carta de las Naciones Unidas: Reafirma el derecho de los pueblos a la libre determinación como principio fundamental del orden internacional.
– Resolución 3236 (1974) de la Asamblea General de la ONU: Reconoce los derechos inalienables del pueblo palestino, incluido el derecho a la autodeterminación y a la independencia nacional.
– Artículo 2/4 de la Carta de la ONU: Prohíbe el uso de la fuerza para adquirir territorios, lo que convierte la continuidad de la ocupación israelí en una violación flagrante del derecho internacional.
En virtud de estos textos, el reconocimiento del Estado de Palestina no es una mera decisión política, sino un deber jurídico de la comunidad internacional para respaldar la aplicación de la legalidad internacional.
Netanyahu y el discurso de la negación… una violación flagrante del derecho internacional
Frente a estos crecientes reconocimientos, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, persiste en negar el derecho de los palestinos y rechazar la existencia del Estado de Palestina, acompañado de un discurso racista y de medidas militares devastadoras en Gaza, lo que constituye una clara violación de la Carta de las Naciones Unidas y de los principios del derecho internacional.
El rechazo al reconocimiento no elimina el derecho inalienable del pueblo palestino, sino que sitúa al Gobierno de Israel en confrontación directa con la legalidad internacional.
La continuación de la agresión contra Gaza — con asesinatos, desplazamientos y asedio — se inscribe dentro de los crímenes de genocidio y crímenes de guerra, los cuales son imprescriptibles.
Este comportamiento constituye:
– Discurso de odio, contrario al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (artículo 20/2), que prohíbe toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia.
– Crímenes de genocidio, conforme a la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948 (artículo 2), que incluyen el asesinato sistemático, la imposición de condiciones de vida que conduzcan a la destrucción de un grupo, o la causación de daños físicos y psicológicos graves.
– Crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, de acuerdo con el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (artículos 7 y 8), debido al ataque deliberado contra civiles, el asedio y la privación de ayuda humanitaria.
La negación de Netanyahu al derecho palestino y su justificación de las masacres no constituye únicamente una infracción política, sino una responsabilidad penal internacional que lo coloca dentro del ámbito de la rendición de cuentas individual.
Arabia Saudita… diplomacia de paz y voz de justicia
Arabia Saudita ha desempeñado un papel central y decisivo en lograr este histórico avance a favor de Palestina.
A través de su diplomacia equilibrada y su activa participación en foros internacionales y regionales, Riad consiguió movilizar un amplio respaldo al reconocimiento del Estado palestino. Este posicionamiento no responde a cálculos coyunturales ni a consignas pasajeras, sino a una visión estratégica firme, fundamentada en los principios del derecho internacional y de la justicia humanitaria.
Este papel refleja la condición de Arabia Saudita como Estado garante de la paz y la estabilidad mundial, confirmando que su liderazgo contempla la causa palestina desde una perspectiva que trasciende lo nacional o religioso, ubicándola en un marco ético y humanitario universal que la convierte en eje de su política exterior.
El Reino ha demostrado que la diplomacia consciente puede romper estancamientos, y que la voluntad política, cuando se apoya en valores firmes, puede transformarse en logros tangibles que alteren los equilibrios de la ecuación internacional.
El éxito saudí en impulsar el reconocimiento internacional de Palestina no es sólo un triunfo político, sino también una prueba concreta de su capacidad de influir en la toma de decisiones globales y de su visión de construir un futuro más justo y estable para la región y el mundo. Pues no hay paz sin justicia, ni justicia sin un Estado palestino independiente y plenamente soberano.
Conclusión: hacia una justicia internacional integral
Los reconocimientos internacionales al Estado de Palestina constituyen apenas el inicio de un largo camino hacia la justicia plena, pero representan al mismo tiempo una victoria histórica para el pueblo palestino y un mensaje contundente al mundo de que la ocupación no puede perpetuarse fuera del marco del derecho internacional.
En el corazón de esta ecuación se erige Arabia Saudita como garante de la paz y defensora de los derechos legítimos de los pueblos, demostrando que la justicia triunfa cuando se conjuga con la voluntad sincera y la diplomacia prudente. La causa palestina seguirá siendo la prueba definitiva de la credibilidad del sistema internacional. El reconocimiento de Palestina no es un simple logro político, sino la reivindicación de un derecho, una victoria para la humanidad y la expresión del papel saudí de liderazgo en la construcción de un futuro más justo y estable.
El mensaje de Su Alteza Real el Príncipe Heredero Mohammed bin Salman –pronunciado en su nombre por el ministro de Asuntos Exteriores saudí, el príncipe Faisal bin Farhan, en la inauguración de la Conferencia sobre la Solución de Dos Estados en la sede de la ONU en Nueva York– refleja con claridad esta visión. La intervención incluyó un llamado expreso al reconocimiento del Estado palestino, a la implementación de la solución de dos Estados como vía para lograr una paz justa y duradera, al fin de la guerra en Gaza, al empoderamiento de un Estado palestino soberano y a la activación de las resoluciones internacionales pertinentes.
No se trata de palabras protocolares, sino de la determinación de un hombre que combatió el terrorismo con valentía y construye la paz con firmeza, respaldado por el gran pueblo del Reino de Arabia Saudita y por todas las naciones árabes que le profesan respeto y afecto. Así, Mohammed bin Salman se mantiene como símbolo de una etapa histórica en la que la paz se forja desde el corazón de la justicia y de la dignidad humana.