El sol de Oriente vuelve a brillar sobre el cielo de los países árabes

Por Kinana Khalaf Al-Kurdi

.

Hay batallas en la historia en las que no sólo cambian los gobiernos, sino también las propias reglas del juego, y con ellas vuelven a trazarse las fronteras.

Hoy estamos frente a uno de esos mapas.

Después de tantas décadas de oscuridad y guerras internas en nuestros países, durante las cuales las capitales árabes y los Estados regionales vecinos se transformaron en escenarios abiertos de conflictos por delegación, la geografía árabe fue utilizada como terreno para saldar cuentas entre las grandes potencias y los actores regionales.

Ahora, lentamente, comienzan a dibujarse los contornos de una nueva etapa que lleva consigo profundas transformaciones en el equilibrio de poder y en las alianzas.

El sol de Oriente empieza a brillar nuevamente, pero esta vez sobre mapas políticos diferentes, con nuevas condiciones, tratados y garantías.

Y aquí surge la pregunta fundamental:

¿Quién tendrá la capacidad de diseñar el próximo orden regional?

El fin de una ecuación que dominó durante décadas

Durante años de oscuridad, Irán logró construir una amplia red de influencia regional que se extendió por Irak, Siria, Líbano y Yemen, aprovechando los vacíos políticos, las divisiones internas y la formación de fuerzas armadas vinculadas a Teherán en distintos grados y bajo diferentes denominaciones.

El resultado fue que varios países árabes se transformaron en escenarios de confrontación, mientras las fronteras, la geografía y la soberanía nacional pasaron a ser instrumentos dentro de un conflicto mucho más amplio que los límites de cada Estado.

Pero esa ecuación ya no es la misma.

Lo que ocurre hoy no constituye simplemente una confrontación militar circunstancial, sino una revisión completa de todo el sistema de influencia que se fue formando durante las últimas décadas.

Son las batallas de las transformaciones en Oriente, el Golfo, Irak, Yemen, Siria y Líbano, mientras paralelamente se reorganizan las relaciones entre los países árabes, Turquía, Pakistán, los Estados del Golfo y las potencias internacionales en el marco de la Alianza de La Meca.

Podríamos describir estos alineamientos como el nacimiento de una especie de “media luna sunita”, en el sentido doctrinal del término, y como el comienzo de la formación de un nuevo eje regional impulsado por los intereses de los Estados nacionales y por la convergencia en materia de seguridad, economía, energía y comercio.

Y esa es una diferencia fundamental.

Oriente Medio no busca una nueva secta, sino una nueva ecuación de poder

Sería un error interpretar este proceso como la sustitución de un proyecto de influencia sectaria por otro.

La cuestión no consiste en construir una “media luna” para enfrentar a otra “media luna”, sino en poner fin a una época en la que las sociedades, las comunidades religiosas y las confesiones fueron utilizadas como instrumentos de los conflictos regionales.

La próxima etapa, si los países árabes saben aprovecharla, puede construirse sobre una base diferente:

Primero el Estado, primero la soberanía y primero los intereses nacionales.

Desde esta perspectiva pueden entenderse los nuevos alineamientos: como una transición desde la etapa de las milicias transfronterizas hacia una etapa de alianzas entre Estados; desde la exportación de crisis hacia la gestión de intereses.

Y desde la utilización de los territorios árabes como campos de batalla hacia su transformación en corredores para el comercio, la energía, las inversiones y la reconstrucción.

Siria, en el corazón de esta transformación

Nuestra Siria debe ocupar un lugar central en este proceso.

No puede considerarse a Siria como un expediente marginal. Es una de las principales llaves de Oriente.

Su ubicación geográfica la sitúa en la intersección entre el Golfo, Irak, Turquía, Líbano y el Mediterráneo, convirtiéndola además en una pieza fundamental de cualquier proyecto regional relacionado con la energía, el comercio, el transporte y la seguridad.

Por eso, recuperar el papel natural de Siria no significa únicamente reconstruir las instituciones del Estado.

Significa también redefinir la función de la geografía siria.

Irak, Yemen y Líbano: una nueva distribución de las cartas

Irak también se encuentra ante una prueba histórica.

El Estado iraquí posee enormes capacidades que podrían permitirle dejar de ser un escenario de competencia regional para transformarse en un Estado central dentro del nuevo orden regional, especialmente por sus recursos y su posición estratégica.

En Yemen, por su parte, la estabilidad del mar Rojo y de Bab el-Mandeb redefinirá la importancia del país, no solamente desde una perspectiva de seguridad, sino también económica y comercial.

En Líbano, la gran pregunta continuará relacionada con la capacidad del Estado para recuperar el monopolio de las decisiones militares y de seguridad y terminar con la lógica de un Estado dentro del Estado.

Estos tres expedientes no están separados.

Son eslabones de una misma cadena:

Irak es la puerta de Oriente, Siria es el corazón del Levante y Yemen es la llave del mar Rojo.

Quien sepa interpretar correctamente esta geografía comprenderá que lo que está ocurriendo supera ampliamente las fronteras de cualquier batalla individual.

Las próximas alianzas no serán únicamente militares

Otro error sería creer que las nuevas alianzas estarán construidas exclusivamente sobre ejércitos y armamento.

La próxima etapa será mucho más compleja.

Una verdadera alianza será una combinación de seguridad, defensa, energía, puertos, corredores comerciales, inversiones, reconstrucción, tecnología, seguridad alimentaria e hídrica, lucha contra el tráfico de armas y drogas, protección de las fronteras, cooperación de inteligencia e integración económica entre los Estados.

Porque la paz es mucho más beneficiosa para Oriente.

La caída del modelo de los “escenarios”

Durante décadas, algunas potencias regionales consideraron a los países árabes como simples “escenarios”.

Un escenario en Irak.

Otro en Siria.

Otro en Líbano.

Otro en Yemen.

Hoy, los Estados árabes comienzan a recuperar sus decisiones nacionales y a poner fin a esa regla.

Nuestros países no son escenarios de nadie. Ni de Irán ni de ninguna otra potencia.

Quien quiera establecer relaciones con los países de la región deberá hacerlo a través de la puerta del Estado, no mediante milicias transfronterizas.

Quien quiera alcanzar acuerdos deberá firmarlos con los gobiernos, no con grupos armados.

Y quien busque influencia económica deberá obtenerla mediante las inversiones y el comercio, no mediante las armas y el contrabando.

Esta es la regla que puede sentar las bases de un Oriente Medio diferente.

¿Podemos hablar de un “nuevo Oriente Medio”?

Quizás todavía sea demasiado pronto para anunciar el nacimiento de un nuevo orden regional.

Sin embargo, los indicadores permiten afirmar que el antiguo sistema comienza a erosionarse.

Los órdenes regionales no colapsan en un solo día. Primero empiezan a perder su capacidad para explicar la realidad.

Eso sucede cuando cambian las alianzas, cuando se modifican las prioridades de los Estados, cuando la economía adquiere mayor importancia que la ideología, cuando las capitales buscan seguridad mediante acuerdos en lugar de recurrir a fuerzas subsidiarias y cuando los países que durante mucho tiempo vivieron bajo la presión de los conflictos comienzan a recuperar su soberanía.

Entonces estamos frente a un momento de transición en Oriente Medio.

El escenario más importante dependerá de la capacidad de los países árabes y regionales para administrar esta coyuntura con una mentalidad estratégica.

Si lo consiguen, durante los próximos años podremos presenciar una transición del Oriente Medio de los corredores militares al Oriente Medio de los corredores económicos.

De la media luna iraní, entendida como una extensa red de influencia, hacia una red regional más equilibrada basada en los intereses de los Estados.

De una geografía incendiada a una geografía productiva.

De la economía de guerra a la economía de la reconstrucción.

Y de fronteras atravesadas por las armas a fronteras capaces de proteger el comercio y las inversiones.

La verdadera batalla es construir el Estado

Este escenario no está garantizado.

Cada vacío político puede volver a ser ocupado por las milicias.

Cada Estado débil puede convertirse nuevamente en un escenario para otros.

Cada división social puede transformarse en una puerta de entrada para una intervención extranjera.

Por eso, la verdadera batalla no es únicamente militar.

Es la batalla por la construcción del Estado.

¿Un nuevo sol o simplemente un nuevo ciclo?

Oriente se encuentra hoy ante una oportunidad histórica.

Podría ser el comienzo de una salida gradual de un largo legado de conflictos por delegación, pero también podría convertirse simplemente en una nueva redistribución de influencias si los Estados no logran transformar los cambios militares y políticos en un sistema de instituciones, acuerdos e intereses sostenibles.

La diferencia entre ambos escenarios dependerá de los propios Estados.

Si Damasco, Bagdad, Beirut y Saná, junto con las capitales árabes y regionales con mayor influencia, consiguen construir relaciones fundamentadas en la soberanía y los intereses comunes, entonces quizás estemos realmente ante el nacimiento de un nuevo Oriente Medio.

Un Oriente Medio que no sea administrado desde las salas de operaciones de las milicias.

Que no sea dibujado por las armas.

Que no permita que sus capitales sean secuestradas en beneficio de proyectos que atraviesan las fronteras.

Sino un Oriente Medio cuyos mapas sean definidos por los Estados, la economía, los intereses, los tratados y las asociaciones.

Entonces ya no preguntaremos:

¿Quién venció a quién?

La verdadera pregunta será:

¿Quién será capaz de construir el orden regional que vendrá después de la guerra?

El sol que hoy comienza a elevarse sobre Oriente no debería ser el sol de un nuevo eje enfrentado a otro antiguo.

Debe ser el amanecer del Estado después de décadas de caos; el amanecer de la soberanía después de décadas de guerras por delegación; y el amanecer de los intereses nacionales después de décadas en las que nuestros países fueron utilizados como escenarios para los conflictos de otros.

Esa es, finalmente, la batalla por la reconstrucción de Oriente.

Compartir este artículo

Facebook X WhatsApp Telegram LinkedIn Reddit Email
Anúnciese con Noticias Latinas

Red de sitios