Por el Dr. Abdelaziz Tarekji
– Periodista de investigación y especialista en violaciones internacionales de los derechos humanos –
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Desde el estallido de la última guerra en la Franja de Gaza, el mundo se enfrenta a uno de los momentos más críticos de la historia humana contemporánea: un momento que pone a prueba el compromiso real de la humanidad con el derecho internacional humanitario y con la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Las imágenes que llegan desde Gaza no son simples escenas de guerra, sino testimonios documentados de una tragedia humana, donde la política se entrelaza con el crimen, los intereses con la sangre, y las declaraciones oficiales con el sufrimiento de los civiles atrapados entre el fuego de la ocupación y la desesperanza del bloqueo.
Esta guerra no se asemeja a las anteriores. Ha dejado de ser un conflicto político para transformarse en una lucha por el significado mismo de la justicia, donde emergen acciones que constituyen crímenes de lesa humanidad y que plantean preguntas existenciales sobre la capacidad de la comunidad internacional de proteger lo que aún queda de la dignidad humana.
En ausencia de rendición de cuentas, la legitimidad de las instituciones internacionales se erosiona, el silencio se convierte en complicidad, y la impunidad se consolida como una nueva norma en la gestión de los conflictos globales.
Dimensiones del crimen – De la violación al calificativo de “genocidio”
Desde los primeros meses del conflicto, diversas organizaciones de derechos humanos, tanto internacionales como israelíes, han descrito lo que ocurre en Gaza como actos que superan las “operaciones militares” y que alcanzan el nivel de genocidio.
La destrucción masiva, el bloqueo total y la privación deliberada de agua, alimentos y medicinas no son “medidas de seguridad”, sino componentes de una estrategia sistemática dirigida contra un grupo humano determinado por su identidad nacional y política.
Comisiones legales han concluido que los hechos documentados en Gaza cumplen cuatro de los cinco elementos establecidos en la Convención para la Prevención del Delito de Genocidio de 1948.
Israel rechaza esta calificación y argumenta que actúa en defensa propia frente a una organización armada que utiliza a los civiles como escudos humanos. Sin embargo, tales justificaciones carecen de validez ante las normas del derecho internacional humanitario, que exige distinguir entre objetivos militares y civiles, y prohíbe los castigos colectivos o cualquier acción que vulnere el derecho a la vida y la seguridad.
Cada bombardeo sobre un barrio residencial, cada hospital destruido, cada niño asesinado, amplía la distancia entre el discurso político y los principios de la justicia, y refuerza la imagen de la impunidad como práctica estructural, no como excepción.
La persecución de los criminales de guerra: órdenes de arresto y desafíos prácticos
Las órdenes de detención internacional emitidas contra varios líderes israelíes, incluido el primer ministro Benjamin Netanyahu, constituyen un precedente jurídico y político significativo.
Sin embargo, su ejecución se enfrenta a obstáculos serios: Israel no es parte del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, y las grandes potencias que proclaman defender la justicia suelen proteger a sus aliados de cualquier proceso judicial.
Esta doble moral vacía al derecho de su autoridad moral y lo convierte en una herramienta política, mientras que la justicia queda subordinada a las relaciones de poder.
Aun así, dichas órdenes representan un documento simbólico de gran valor: una afirmación de que el mundo observa, documenta y cree que los crímenes de guerra y de lesa humanidad no prescriben. La justicia puede demorarse, pero no desaparece.
Lectura de las declaraciones de Netanyahu: “La puerta del infierno” como amenaza estratégica
En una reciente declaración televisada, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu reiteró su advertencia de que si Hamás no entrega sus armas “se abrirá la puerta del infierno sobre Gaza”.
Esta expresión, repetida en varias ocasiones, revela una doctrina política basada en la disuasión mediante el fuego y la devastación, y confirma que el alto el fuego no es un objetivo final sino una táctica temporal de presión.
Desde una perspectiva jurídica, tal lenguaje constituye una amenaza previa de uso desproporcionado de la fuerza contra civiles, lo cual contradice las normas del derecho internacional humanitario, que obligan a las partes en conflicto a tomar todas las medidas posibles para proteger a la población civil.
Las palabras de Netanyahu no son mera retórica política: son una declaración de intenciones, un mensaje que justifica la continuación del castigo colectivo bajo el pretexto de la seguridad.
No es solo una “puerta del infierno” para Hamás, sino también para la conciencia humana, que se enfrenta a su propio límite moral.
Ejecuciones extrajudiciales en Gaza: otro rostro del colapso de la justicia
Del otro lado del conflicto, informes de campo denuncian que Hamás ha llevado a cabo ejecuciones públicas sumarias contra personas acusadas de colaborar con Israel.
Imágenes y testimonios muestran a detenidos conducidos a espacios abiertos, con los ojos vendados, para ser ejecutados sin juicio previo ni posibilidad de defensa.
Tales actos constituyen ejecuciones extrajudiciales, prohibidas expresamente por el derecho internacional. Violan el artículo 10 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que garantiza a toda persona el derecho a un juicio justo y público ante un tribunal independiente e imparcial.
Ninguna causa política, ideológica o de seguridad puede justificar la eliminación de este derecho fundamental. Matar sin juicio es matar la verdad misma, y reemplazar la justicia por la venganza.
Estas prácticas minan la legitimidad moral de la causa palestina y evidencian la ausencia de instituciones judiciales transparentes que salvaguarden la vida, la dignidad y la confianza social.
La impunidad… el acta de defunción del derecho internacional y de los derechos humanos
La impunidad no es solo una falla en la aplicación de la justicia; es un crimen sucesivo cometido contra las víctimas y contra la ley misma.
Cuando quienes cometen genocidios o crímenes de guerra no son juzgados, la justicia se convierte en un eslogan vacío, y la Declaración Universal de los Derechos Humanos pierde su contenido moral y jurídico.
El artículo 1 de dicha Declaración establece que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”, mientras que el artículo 3 garantiza “el derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad personal”.
Estos principios dejan de tener valor cuando se asesina a civiles, se bombardean hospitales y se entierra a familias enteras bajo los escombros sin que el mundo pronuncie la palabra “responsabilidad”.
Permitir la impunidad de los crímenes cometidos en Gaza equivale a anunciar el fin del sistema internacional moderno.
Es una confesión colectiva de que la fuerza prevalece sobre la ley, y que los poderosos pueden destruir sin temor a las consecuencias.
La impunidad no solo refuerza la arrogancia de los agresores actuales, sino que alienta a regímenes autoritarios en todo el mundo a cometer atrocidades aún peores, seguros de que la comunidad internacional no actuará a tiempo.
Cuando los culpables escapan del castigo, no solo se humilla a las víctimas, sino que se degrada la civilización entera.
Gaza… la herida abierta de la justicia
Gaza no es simplemente un campo de batalla; es el espejo de la conciencia humana y una prueba de fuego para la credibilidad del derecho internacional.
La prolongación del sufrimiento, la destrucción sistemática y la falta de rendición de cuentas revelan una crisis ética global sin precedentes.
Si la comunidad internacional no asume su responsabilidad moral y legal, la justicia será enterrada junto a sus víctimas, y el epitafio del derecho internacional llevará una sola palabra: “fin”.
Lo que sucede en Gaza no concierne solo al pueblo palestino, sino al destino mismo de la justicia en el mundo.
La historia registrará quién se puso del lado de la verdad y quién optó por el silencio; quién defendió la humanidad y quién la traicionó.
En un tiempo en que la vida humana se mide por el número de misiles que caen sobre ella, la palabra libre y la documentación honesta siguen siendo las últimas armas en la batalla por la conciencia.
Gaza no es solo una tragedia nacional, sino un llamado universal a que el derecho, la verdad y la dignidad no mueran en el polvo de las guerras.