En 9 de Julio, una ciudad que suele ser sinónimo de calma rural, un episodio estremecedor volvió a revelar las grietas más profundas del sistema de protección infantil. El caso salió a la luz a partir del relato de Agustín, padre de una niña que —según denuncia— estuvo al borde de la muerte luego de que su ex pareja, y madre de la menor, intentara degollarla dentro de su propia casa.
El hecho, hasta ahora envuelto en decisiones judiciales herméticas y actuaciones estatales poco claras, derivó en una convocatoria urgente: una marcha este miércoles a las 20 horas en Mitre y Libertad, bajo la consigna “Con los niños no. No queremos un caso Lucio Dupuy en 9 de Julio”.
Una escena de terror contada en un grupo de WhatsApp
Todo comenzó de la manera más impensada: con un mensaje de la propia mujer en un grupo de padres. Allí describió la escena como si fuera ajena, casi distante. Minutos después, la ambulancia llegaba a la vivienda. La niña estaba en su habitación, con un corte profundo en el cuello, desangrándose. Los médicos lograron salvarle la vida.
La madre fue rápidamente trasladada a otra ciudad y permaneció apenas unos días en un neuropsiquiátrico. De allí salió con un diagnóstico de inimputabilidad.
Pero lo que más indignación generó en la comunidad es lo que vino después.
Las decisiones cuestionadas y un Estado sin brújula
Hoy, a pesar de la gravedad del ataque, se evalúa la posibilidad de una revinculación entre la mujer y la hija que, según la denuncia, intentó matar. La sola idea desató la ira en la ciudad.
El Servicio Local de Protección —un organismo ya señalado en otras oportunidades por decisiones erráticas— vuelve a quedar en el centro de la tormenta. Para muchos vecinos, el caso es la prueba de un sistema estatal que, lejos de brindar protección, parece navegar sin rumbo, improvisando frente a situaciones límite.
El pedido desesperado de un padre
Agustín, aún con la voz quebrada, insiste en que no busca venganza, sino supervivencia: “Solo quiero que mi hija esté viva, que no la expongan de nuevo”, repite. Su pedido es claro: que la comunidad acompañe, que los medios nacionales conozcan el caso y que la Justicia revise las decisiones que, a su entender, ponen a la niña en un riesgo extremo.
Mañana, a las 20, promete ser un punto de inflexión. No solo será la marcha de Agustín. Será, según muchos vecinos, el reclamo de toda una ciudad que no quiere volver a llorar tarde, como tantas veces en la Argentina.
Por elcensor
