Los jóvenes le sueltan la mano a Milei: ¿a quién se la dan?

Por Ana Iparraguirre
 

Los jóvenes, uno de los sectores sobre los que Javier Milei construyó buena parte de su popularidad, comienzan a retirarle su apoyo. El fenómeno combina factores vinculados con la gestión, especialmente la situación económica, con elementos más estructurales, como la creciente volatilidad del voto juvenil y cambios sociales que alimentan un malestar generalizado.

Sin embargo, el dato político más relevante es que esos jóvenes que se alejan de Milei todavía no parecen haber encontrado una alternativa clara hacia la cual desplazarse.

Esto no significa necesariamente desinterés por la política. Los jóvenes tampoco son menos ideologizados que el resto de la sociedad argentina. Lo que está cambiando son los canales a través de los cuales participan: sindicatos, partidos, agrupaciones políticas y otras organizaciones tradicionales pierden terreno frente a nuevas formas de movilización vinculadas con causas específicas.

Un declive con impacto electoral

La pérdida de respaldo juvenil al Gobierno comienza a aparecer con claridad en los indicadores.

El Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella entre los jóvenes se encuentra en su nivel más bajo desde la llegada de Milei al poder. Por primera vez, además, la confianza entre los menores de 30 años quedó por debajo del índice general.

El impacto potencial sobre una futura elección es considerable.

Los menores de 30 años representan aproximadamente el 26% del padrón electoral argentino, equivalente a casi 9,4 millones de votos. Bajo esa dimensión, cada punto de apoyo perdido dentro de ese segmento representa alrededor de 100.000 votos.

Una caída de 30 puntos como la reflejada por el Índice de Confianza en el Gobierno equivaldría a unos 3 millones de votos, una cifra comparable con la diferencia que separó a Milei de Sergio Massa en el balotaje presidencial de 2023.

De mantenerse esa tendencia, el Presidente podría terminar disputando su reelección precisamente dentro de uno de los sectores que resultaron determinantes para llevarlo a la Casa Rosada.

Las razones detrás del abandono

La economía aparece como uno de los principales factores.

El desempleo entre los jóvenes de 14 a 29 años duplica al registrado entre los adultos. Al mismo tiempo, casi cuatro de cada diez jóvenes están endeudados y constituyen el grupo etario con mayor morosidad del país.

A ese escenario se suma un problema social de mayor profundidad. Desde 2022, el suicidio constituye la principal causa de muerte entre adolescentes y jóvenes de 15 a 24 años. En 2024, por primera vez en casi dos décadas, también pasó a ocupar ese lugar entre las personas de 25 a 34 años, desplazando a los accidentes de tránsito.

Pero existe además un componente político estructural: el voto joven suele ser mucho más volátil.

Las preferencias partidarias tienden a consolidarse con la edad y la experiencia electoral. Por eso, los jóvenes presentan identificaciones menos arraigadas y mayor predisposición a cambiar frente a nuevas alternativas políticas.

Incluso pueden convertirse en una suerte de vanguardia electoral capaz de anticipar movimientos que posteriormente alcanzan a otros sectores. Durante 2023, por ejemplo, era habitual encontrar padres que habían conocido a Milei a través de sus propios hijos.

Los arrepentidos de Milei

Las encuestas muestran otro dato significativo: cuatro de cada diez votantes de Milei habrían dejado de respaldarlo.

Una encuesta nacional del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA indicó que solamente el 57% de quienes votaron por Milei en 2023 volverían a elegir a La Libertad Avanza.

Por otro lado, un relevamiento del Cias determinó que el 43% de los jóvenes de entre 16 y 24 años de barrios populares del conurbano que votaron a LLA en 2023 no volverían a hacerlo en 2027.

Una parte de ese electorado podría directamente optar por no votar.

El politólogo Facundo Cruz, especializado en datos de participación electoral, observó que al comparar 2025 con la última elección comparable de 2021, la caída de participación fue más pronunciada entre los jóvenes que en cualquier otro grupo etario.

Más allá de la apatía

Interpretar el fenómeno simplemente como apatía juvenil puede llevar a conclusiones equivocadas.

El informe de Pulsar UBA sobre el crecimiento del denominado ningunismo muestra que los jóvenes no están menos interesados en política ni menos ideologizados que el conjunto de la población.

La diferencia aparece en otra dimensión: participan menos en las organizaciones que históricamente concentraron la actividad política y social, como sindicatos, agrupaciones políticas, organizaciones religiosas y militancia territorial.

El interés político permanece, pero sus mecanismos de expresión están cambiando.

Nuevas causas y nuevos canales

Cuando aparece una causa capaz de movilizarlos, los jóvenes participan.

Un ejemplo reciente fue el debate alrededor de la Ley de Tierras, cuando figuras jóvenes que habitualmente no realizan intervenciones políticas públicas, entre ellas Lisandro Martínez, Emilia Mernes y Tini, expresaron su rechazo al proyecto.

La clave parece encontrarse en causas específicas capaces de reunir a grupos diferentes, más que en una adhesión permanente a estructuras partidarias.

El fenómeno no es exclusivamente argentino. El texto señala experiencias internacionales en las que sectores juveniles construyeron movimientos alrededor de reclamos concretos y liderazgos percibidos como auténticos o enfrentados con las estructuras políticas tradicionales.

¿Una generación sin lealtades políticas?

Durante décadas, una interpretación habitual sostuvo que la volatilidad política juvenil desaparecía progresivamente con la edad, cuando los electores construían identificaciones partidarias más estables.

Pero los cambios generacionales plantean ahora una pregunta diferente: ¿qué ocurre si esa volatilidad deja de ser una etapa y se convierte en una característica permanente?

En Estados Unidos, el 56% de los adultos de la Generación Z se identifica como independiente, frente al 47% de los millennials y el 40% de la Generación X cuando atravesaban edades comparables.

En Europa, apenas el 25% de los menores de 25 años vota siempre al mismo partido, frente al 53% entre los votantes de mayor edad. En apenas cinco años, además, parte importante de los jóvenes europeos pasó de protagonizar la denominada ola verde a alimentar electoralmente a sectores de la derecha radical.

La generación actual creció seleccionando contenidos, cambiando rápidamente de plataforma y descartando aquello que deja de representarla. Esa lógica podría estar trasladándose también a la política.

Por eso, la pérdida de respaldo juvenil de Milei puede ser algo más que una dificultad coyuntural para el Gobierno. La cuestión de fondo es si la lealtad política tradicional está dejando de funcionar como categoría para una generación acostumbrada a cambiar rápidamente sus elecciones.

Si esa transformación se consolida, el comportamiento actual de los jóvenes argentinos podría anticipar no solamente el futuro electoral de Milei, sino una nueva forma de relacionarse con la política en los próximos años.

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