Por: Kinana Khalaf Al-Kurdi, investigadora y experta en asuntos de Oriente Medio
Cuando el enviado estadounidense Tom Barrack afirma que Israel sigue ocupando el Golán sirio en violación de las resoluciones de las Naciones Unidas y de las normas del orden internacional, el mensaje no debe interpretarse como un abandono estadounidense de Israel, sino más bien como una señal estratégica sobre los límites de la expansión israelí y sus riesgos para el equilibrio regional.
Washington observa el escenario desde una perspectiva más amplia: Israel, Turquía, Arabia Saudita y Pakistán, junto con la nueva Siria, son actores cuyos intereses pueden converger, en distintos grados, con la estrategia estadounidense. Por lo tanto, convertir a Siria en un escenario de conflicto abierto podría conducir a un resultado que Estados Unidos no desea: un acercamiento regional más amplio contra Israel y una ampliación del margen de maniobra de China y de los adversarios internacionales de Washington.
Aquí, la cuestión del Golán emerge como algo más que un expediente fronterizo; es una carta política en cualquier futura arquitectura de seguridad regional. Damasco, desde esta perspectiva, no puede entrar en un acuerdo estratégico con Israel a costa de su soberanía, ni el reconocimiento mutuo puede ser una antesala para renunciar a los territorios sirios ocupados. Por ello, el Golán seguirá siendo, probablemente, una condición central en cualquier negociación seria entre Siria e Israel.
El escenario realista no necesariamente tendría que ser una retirada inmediata, sino que podría comenzar con un proceso político que incluya la reafirmación del principio del retorno del Golán a la soberanía siria, el establecimiento de un calendario gradual para la retirada y su vinculación con garantías de seguridad regionales e internacionales.
En cuanto a la cuestión palestina, también podría volver al centro de la ecuación, no como un expediente separado, sino como parte de una fórmula más amplia para reconstruir la estabilidad en Oriente Medio. Desde esta perspectiva, el reconocimiento de un Estado palestino, en paralelo con el tratamiento de la cuestión del Golán, podría convertirse en uno de los componentes de un acuerdo regional más amplio.
El próximo escenario, por lo tanto, no parece ser simplemente una negociación sobre territorio, sino una reformulación de las reglas del juego en el Levante. La verdadera pregunta no es si Israel seguirá siendo militarmente superior, sino si podrá mantener su expansión regional sin que esa expansión se convierta en un factor que reúna a sus adversarios y a los aliados de Washington en un único frente político.
El Golán puede ser el comienzo de la negociación, pero, en los grandes cálculos, podría convertirse en la clave para reordenar todo Oriente Medio.