Messi, el vínculo que unió a abuelos, padres e hijos durante dos décadas de historia argentina

Equipo de Noticias Latinas

Durante más de veinte años, Lionel Messi fue mucho más que el futbolista que vestía la camiseta número 10 de Argentina. Mientras el país atravesaba crisis económicas, cambios de gobiernos, transformaciones tecnológicas, una pandemia y sucesivos Mundiales, su figura permaneció como una referencia compartida capaz de reunir frente a una misma pantalla a personas separadas por décadas de edad.

Para algunos argentinos, la memoria futbolística comienza con Diego Maradona y México 1986. Otros recuerdan los penales de Italia 1990, la final de Brasil 2014 o aquella noche inolvidable de Qatar 2022. Pero para millones existe otra cronología: Messi entrando a una cancha, Messi convirtiendo un gol, Messi perdiendo una final, Messi renunciando, Messi regresando y, finalmente, Messi levantando la Copa del Mundo.

Su historia con la Selección terminó transformándose en un puente entre abuelos, padres, hijos y nietos, generaciones que pudieron emocionarse simultáneamente con el mismo protagonista.

De Rosario a un país que intentaba levantarse

Cuando Messi disputó su primer Mundial, en Alemania 2006, Argentina todavía arrastraba las consecuencias sociales de la crisis de 2001.

El desempleo había descendido desde niveles superiores al 20% hasta aproximadamente el 10% y el país atravesaba su cuarto año consecutivo de crecimiento.

La propia historia familiar de Messi estaba atravesada por aquella crisis. Durante su infancia necesitó un costoso tratamiento por un problema de crecimiento. La cobertura vinculada al trabajo de su padre, Jorge Messi, comenzó a presentar dificultades con los reintegros y la familia buscó alternativas para garantizar su continuidad.

Después de explorar posibilidades en clubes argentinos, apareció Barcelona.

En septiembre de 2000, cuando tenía apenas 13 años, Lionel viajó a España acompañado por su padre. Años después, aquel adolescente que había dejado Rosario terminaría regresando simbólicamente al país cada vez que se colocaba la camiseta celeste y blanca.

El 16 de junio de 2006, ante Serbia y Montenegro, marcó su primer gol en una Copa del Mundo.

Comenzaba entonces una historia que atravesaría veinte años de Argentina.

Cuando Messi todavía era una promesa

El periodista argentino Fernando Gabrich se encontraba realizando un Máster de Periodismo en Barcelona cuando comenzó a escuchar comentarios sobre un joven rosarino que destacaba en las divisiones del club catalán.

Un colega de La Vanguardia le habló del muchacho. Gabrich consiguió contactar a Jorge Messi y terminó entrevistando también a Lionel, cuando todavía no había debutado profesionalmente.

La entrevista fue publicada en La Capital de Rosario, presentándolo como una de las promesas del Barcelona.

Aquel adolescente hablaba poco. Lo imposible de imaginar entonces era que ese mismo chico terminaría acompañando la vida de millones de personas durante las siguientes dos décadas.

“Ser argentino con Messi aquí era lo mejor. Disfrutar cada partido del Barça con Messi fue increíble”, recordó Gabrich desde Cataluña.

Perteneciente a una generación marcada por Maradona, durante mucho tiempo consideró inevitable la comparación. Con los años, su percepción cambió.

“Creo que Leo lo superó”, afirmó, no solamente por los títulos sino por la cantidad de años durante los cuales generó alegrías compartidas.

Para muchos argentinos que vivían lejos del país, Messi también se convirtió en una forma de permanecer conectados con Argentina.

Un jugador diferente para cada generación

La relación generacional con Messi tiene características particulares.

Para buena parte de la Generación X, apareció después de Maradona. Los millennials prácticamente crecieron junto con su carrera. Para numerosos integrantes de la Generación Z, en cambio, Messi fue siempre el punto de partida.

El relator rosarino Julián Bricco, de TyC Sports, recuerda haber escuchado primero que después de Pelé nunca aparecería alguien semejante. Entonces apareció Maradona. Después llegó una nueva certeza: nadie volvería a igualar a Diego.

Y apareció Messi.

Para Bricco, sin embargo, el legado del rosarino excede ampliamente su talento con la pelota. Hay una enseñanza que intenta transmitir a sus propias hijas: Messi siempre volvió a levantarse.

Perdió finales, recibió críticas, renunció a la Selección y regresó. Su trayectoria terminó mostrando que después de una derrota todavía era posible volver a intentarlo.

“Messi es alegría”

Moisés Llorens, corresponsal de ESPN en Barcelona, considera que Messi consiguió algo excepcional: transformarse en un punto de encuentro incluso para quienes lo cuestionaban.

Sus detractores también necesitaban hablar de él, sostiene, porque el propio futbolista respondía a muchas de aquellas críticas dentro de la cancha.

Para Llorens, Messi consiguió además reunir familias enteras frente al televisor.

“Messi es alegría, es como la Navidad o Papá Noel para los niños”, afirmó, comparando su genialidad con figuras como Gaudí o Picasso.

Pero su despedida también deja un desafío para Argentina.

Llorens considera que la Selección tendrá que reinventarse para encontrar nuevas referencias sin intentar fabricar otro Messi.

A su juicio, colocar esa responsabilidad sobre futbolistas como Julián Álvarez sería injusto: quien reciba la etiqueta de “nuevo Messi” comenzará inevitablemente en desventaja.

Porque lo que venga después, advierte, tendrá otro nombre.

Tres o cuatro generaciones viendo al mismo hombre

El escritor rosarino Javier Acuña encuentra allí una de las características más extraordinarias del fenómeno.

A diferencia de otras grandes figuras deportivas argentinas, cuya historia tuvo que ser transmitida a los más jóvenes mediante relatos familiares, videos y archivos, Messi pudo ser contemplado simultáneamente por varias generaciones.

Un abuelo, su hijo y su nieto podían sentarse frente al mismo televisor y observar al mismo futbolista en tiempo presente.

No era necesario explicarles a los niños cómo jugaba.

Estaba jugando.

Acuña lo resume como una vigencia de más de veinte años en un nivel extraordinario que permitió el diálogo simultáneo entre tres y hasta cuatro generaciones.

La diferencia es profunda.

Para transmitir a un niño actual la dimensión de Maradona, probablemente sea necesario recurrir a imágenes históricas. Para compartir la magia de Messi todavía basta con sentarse juntos y verlo jugar.

De las finales perdidas a Qatar

La relación entre Messi y Argentina estuvo lejos de ser siempre sencilla.

Durante años convivió con las comparaciones con Maradona y con fuertes cuestionamientos por su rendimiento con la Selección. El momento más crítico llegó después de perder la final de la Copa América Centenario 2016, cuando anunció que dejaba el equipo nacional.

Pero regresó.

Después llegó otra historia.

La Copa América 2021 terminó con 28 años sin títulos de la Selección mayor. Después llegaron la Finalissima, el Mundial de Qatar 2022 y una nueva Copa América en 2024.

En 2026 disputó su sexto Mundial y volvió a conducir a Argentina hasta una final, esta vez perdida frente a España.

Su trayectoria internacional terminó con 207 partidos y 125 goles, ambos récords históricos de la Selección.

El periodista Fernando Montenegro, de TyC Sports, vivió ese proceso desde dos generaciones diferentes.

Sus hijos, Lautaro y Juan Ignacio, conocieron principalmente al Messi ganador de la era de Lionel Scaloni. Sus padres y sus tíos, en cambio, habían vivido durante décadas la discusión entre Messi y Maradona.

Después de Qatar, recuerda Montenegro, aquella discusión comenzó a perder importancia.

El puente ya estaba construido.

Veinte años de Messi fueron también veinte años de Argentina

Mientras Messi corría detrás de una pelota, el país cambiaba.

Pasaron los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, llegó el macrismo, la presidencia de Alberto Fernández, la pandemia de COVID-19 y posteriormente el gobierno de Javier Milei.

También cambió la manera de vivir el fútbol.

La televisión dejó de ser la única pantalla. Aparecieron teléfonos inteligentes, plataformas digitales y redes sociales. Las jugadas comenzaron a circular instantáneamente por todo el planeta.

Messi permaneció.

Un niño que comenzó mirándolo junto a su abuelo pudo convertirse en adulto y terminar explicándole a su propio hijo quién era aquel jugador.

Una camiseta regalada durante la infancia pudo convertirse años después en una entrada para verlo juntos en un estadio.

Y esa experiencia se repitió en millones de familias.

El chico que entró al Camp Nou

El artículo original recuerda también una experiencia personal de noviembre de 2004.

Messi tenía 17 años y todavía no era la estrella mundial que llegaría a ser. En el Camp Nou se disputaba un encuentro benéfico destinado a apoyar a personas con VIH de América Latina y África.

Había nombres consagrados: Ronaldinho, Deco, Andrés D’Alessandro, Michael Owen, Nakata y Jorge Campos, entre otros.

Barcelona enfrentaba a un combinado internacional dirigido por Johan Cruyff.

En medio de todas aquellas figuras apareció un adolescente rosarino que todavía jugaba en el filial.

Messi ingresó por Ludovic Giuly y terminó marcando un gol.

Nadie en aquel estadio podía saber que estaba contemplando a quien protagonizaría buena parte de los siguientes veinte años del fútbol mundial.

El escritor y antropólogo catalán Joan Mayans i Planells sintetizó décadas después aquella experiencia desde una posición particular: no es argentino ni simpatizante del Barcelona.

Para él, precisamente esa distancia le permite afirmar que Messi fue algo fuera de lo común. Sus padres pudieron verlo, él pudo verlo y también sus hijos.

Tres generaciones diferentes pudieron decir exactamente lo mismo: vimos jugar a Messi.

La despedida que nadie quería imaginar

El último capítulo llegó el 31 de agosto de 2026.

Messi anunció su retiro de la Selección Argentina mediante tres hojas escritas de puño y letra que publicó en Instagram.

Había tomado la decisión el 21 de julio, dos días después de la final del Mundial. La muerte de su padre, Jorge Messi, el 8 de agosto, terminó de confirmar aquella determinación.

“Me vacié, ya no tengo más para dar”, escribió.

Jorge había sido mucho más que su padre dentro de aquella historia futbolística. Fue quien acompañó el tratamiento durante su infancia, quien buscó alternativas cuando Argentina atravesaba una de sus crisis más profundas y quien viajó con aquel chico de 13 años rumbo a Barcelona.

Ese niño salió de Rosario y terminó recorriendo más de dos décadas de historia argentina.

Mientras él jugaba, quienes lo habían visto debutar crecieron, trabajaron, se casaron, tuvieron hijos y envejecieron.

Por eso su despedida no pertenece únicamente al fútbol.

El último puente

Messi construyó su carrera principalmente fuera de Argentina, pero terminó convirtiéndose paradójicamente en uno de los argentinos que más consiguió reunir a quienes estaban dentro y fuera del país.

Acuña describe el fenómeno como una especie de “presente perpetuo”: todos sabían que algún día terminaría, pero su extraordinaria permanencia hizo que durante mucho tiempo pareciera imposible.

Para quienes lo vieron comenzar, su retiro representa el cierre de una época.

Para quienes crecieron simultáneamente con él, significa despedir también una parte de su propia juventud.

Y para quienes nacieron después de 2005, implica descubrir por primera vez algo que parecía inconcebible: la Selección Argentina puede salir a una cancha sin que Messi esté allí.

Durante veinte años hubo abuelos, padres, hijos y nietos que podían discutir sobre política, economía, generaciones o incluso sobre quién había sido el mejor futbolista de la historia.

Pero cuando Messi recibía la pelota, muchas de esas diferencias desaparecían durante noventa minutos.

Ahora comienza una experiencia desconocida para millones de argentinos: aprender a mirar a la Selección sin buscar automáticamente el número 10 y sin esperar que aparezca Messi.

Quedarán los goles, las derrotas, las remontadas, las finales, las lágrimas y las copas.

Pero sobre todo quedará algo que difícilmente pueda contabilizarse en una estadística: durante más de dos décadas, Lionel Messi consiguió que varias generaciones tuvieran una misma cita, frente a una misma camiseta y con una misma emoción.

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