Científicos logran identificar dónde podría comenzar un gran terremoto, aunque predecir cuándo sigue siendo imposible

Equipo de Noticias Latinas

Una investigación sobre el gigantesco terremoto que sacudió Kamchatka, en el extremo oriental de Rusia, abrió una nueva vía para responder una de las preguntas más difíciles de la sismología: en qué sectores de una falla se está acumulando la tensión capaz de desencadenar los terremotos más grandes del planeta.

El trabajo, desarrollado por investigadores de la Universidad de California en Riverside y publicado en Geophysical Research Letters, analizó la zona donde se produjo el terremoto de magnitud 8,84 de 2025 y logró identificar una región de la megafalla que llevaba décadas acumulando energía.

El método no permite saber cuándo ocurrirá un terremoto. Sin embargo, podría ayudar a determinar con mucha mayor precisión dónde existen las condiciones para que comience una gran ruptura.

El desafío de detectar una falla que acumula energía en silencio

Los investigadores Axel J. Periollat y Gareth J. Funning abordaron un problema fundamental de la geofísica: distinguir qué sectores de una zona de subducción permanecen trabados y acumulan tensión y cuáles se desplazan progresivamente, liberando parte de esa energía.

Las zonas de subducción aparecen donde una placa tectónica se introduce debajo de otra.

Es precisamente en estas fronteras donde pueden originarse los terremotos de mayor magnitud del mundo y algunos de los tsunamis más destructivos.

Durante décadas, una falla puede parecer completamente silenciosa mientras las placas continúan moviéndose. Determinadas áreas quedan sujetas por la fricción y la energía sigue acumulándose hasta que finalmente se produce la ruptura.

Satélites para observar deformaciones casi imperceptibles

La innovación de la investigación está principalmente en la metodología utilizada.

En lugar de decidir previamente dónde deberían encontrarse las llamadas asperezas —sectores de elevada fricción que resisten el movimiento—, los científicos aplicaron un modelo guiado directamente por los datos.

Utilizaron mediciones de velocidad horizontal obtenidas mediante estaciones GNSS, sistemas de posicionamiento satelital de alta precisión capaces de registrar pequeñas deformaciones del terreno.

A partir de esas observaciones construyeron un modelo probabilístico del bloqueo intersísmico en la megafalla de Kamchatka.

El resultado reveló una región principal con una elevada probabilidad de permanecer bloqueada.

Era, en términos físicos, una zona donde la deformación se había acumulado durante décadas.

Y apareció un dato especialmente significativo: la cantidad de energía almacenada desde el gran terremoto de 1952 resultaba comparable con la que finalmente fue liberada durante el terremoto del 30 de julio de 2025.

Qué ocurre entre dos grandes terremotos

El período comprendido entre un gran terremoto y el siguiente recibe el nombre de período intersísmico.

Aunque desde la superficie pueda parecer una etapa de tranquilidad, bajo tierra continúa desarrollándose un proceso extremadamente lento.

Mientras las placas tectónicas siguen desplazándose, algunas secciones de la falla permanecen prácticamente inmóviles debido a la fricción.

Ese comportamiento genera una deformación gradual de la superficie terrestre.

Y precisamente esa deformación es la que los científicos pueden medir.

Para estudiar Kamchatka, Periollat y Funning analizaron velocidades geodésicas registradas en la península rusa y utilizaron una representación triangular de la megafalla derivada de Slab2.0, una referencia global para el estudio de zonas de subducción.

Después aplicaron técnicas probabilísticas para analizar individualmente diferentes partes de la interfaz tectónica, sin establecer previamente dónde deberían encontrarse las zonas bloqueadas.

Seis regiones aparecieron en el mapa

El modelo identificó seis grandes regiones con alta probabilidad de bloqueo.

Una de ellas destacó claramente sobre las demás.

Ese núcleo principal estaba formado por 618 elementos del modelo y delimitaba la región donde el bloqueo parecía haberse mantenido de manera persistente.

Además, las áreas que presentaban las mayores probabilidades de bloqueo coincidían con aquellas que mostraban menor variabilidad estadística.

Para los investigadores, esta coincidencia fortalece la hipótesis de que no se trataba simplemente de una anomalía generada por la simulación.

Más de cinco metros de movimiento acumulado

Los cálculos permiten dimensionar la enorme cantidad de energía involucrada.

Con una convergencia tectónica estimada en aproximadamente 80 milímetros por año, cada elemento bloqueado habría acumulado alrededor de 5,8 metros de déficit de deslizamiento entre 1952 y 2025.

Al convertir esa acumulación en magnitud sísmica, los investigadores obtuvieron un rango equivalente a terremotos de entre Mw 8,85 y 8,99.

El resultado es compatible con el gigantesco terremoto ocurrido en 2025, cuyo momento sísmico fue calculado en 2,26 × 10²² N·m.

Pero existe una conclusión todavía más importante.

No es necesario que una falla completa permanezca inmovilizada para producir un terremoto gigantesco.

Una región específica puede mantenerse parcialmente bloqueada durante décadas, acumular suficiente tensión y terminar liberando una cantidad extraordinaria de energía.

Los terremotos de 1952 y 2025 rompieron una región similar

Los científicos compararon el evento de 2025 con otro terremoto histórico ocurrido en 1952, cuya magnitud fue estimada en Mw 9,0.

Ambos se produjeron dentro del mismo sistema de subducción.

Y los resultados sugieren que los dos estuvieron relacionados con una asperidad persistente, es decir, una región capaz de permanecer como zona de acumulación de tensión durante más de un ciclo sísmico.

Los modelos muestran una importante correspondencia espacial entre las áreas identificadas como bloqueadas y las zonas que efectivamente se rompieron durante los terremotos de 1952 y 2025.

En otras palabras, dos terremotos separados por más de siete décadas descargaron energía en una misma región profunda de la megafalla.

Terremotos parecidos, pero tsunamis muy diferentes

Que dos grandes terremotos rompan una región semejante no significa que sus consecuencias sean iguales.

El evento de 1952 habría producido un desplazamiento considerablemente mayor en la parte superficial de la falla, cerca de la fosa oceánica.

Esa diferencia podría explicar por qué generó un tsunami mucho más destructivo que el de 2025.

El terremoto más reciente produjo amplitudes cercanas a 0,85 metros en boyas DART y olas costeras de hasta 2 metros en Hawái.

En cambio, los registros e inferencias correspondientes al evento de 1952 indican alturas de entre 15 y 18 metros en zonas del sur de Kamchatka y el norte de las islas Kuriles.

La comparación demuestra que el peligro de tsunami no depende solamente de cuánta energía libera un terremoto.

También resulta determinante en qué profundidad y en qué parte concreta de la falla ocurre el desplazamiento.

Cuando la ruptura afecta intensamente las regiones más superficiales, el fondo oceánico puede desplazar con mayor eficiencia enormes volúmenes de agua y aumentar considerablemente la amenaza de tsunami.

Pequeñas zonas podrían actuar como disparadores

El análisis también encontró indicios sobre dónde podrían comenzar algunas grandes rupturas.

Dentro del principal sector bloqueado, los investigadores detectaron regiones menores con probabilidades medias de bloqueo extremadamente elevadas, algunas cercanas a 0,98.

Esos núcleos coinciden con las áreas hipocentrales asociadas a los terremotos de 1952 y 2025.

La coincidencia plantea una posibilidad particularmente interesante: determinadas asperezas pequeñas pero persistentes podrían funcionar repetidamente como puntos de inicio de terremotos de enorme magnitud.

Sin embargo, los investigadores mantienen cautela.

Algunas zonas aparentemente bloqueadas detectadas al norte de los 53 grados de latitud podrían deberse a limitaciones del modelo y a la escasez de estaciones geodésicas.

Otra anomalía profunda fue considerada probablemente no física.

El gran problema está debajo del océano

Una de las principales limitaciones de la sismología moderna es geográfica.

Muchas de las fallas tectónicas más peligrosas del planeta se encuentran debajo del mar, precisamente donde resulta mucho más difícil instalar instrumentos y obtener mediciones continuas.

Los investigadores consideran que será necesario ampliar la geodesia del fondo marino para observar mejor las partes superficiales de las megafallas y reducir la incertidumbre sobre su potencial para producir grandes rupturas y tsunamis.

Ese proceso ya comenzó.

En distintas regiones del Pacífico se están desplegando instrumentos acústicos sobre el lecho oceánico y nuevos sistemas satelitales capaces de detectar deformaciones que anteriormente quedaban fuera del alcance de las redes convencionales.

Los avances podrían resultar especialmente importantes para países y regiones expuestos a grandes zonas de subducción, entre ellos Japón, Chile, México, Nueva Zelanda y el noroeste del Pacífico.

Saber dónde no significa saber cuándo

El estudio de Kamchatka aporta una evidencia poco frecuente: el mapa elaborado a partir del bloqueo de la falla coincide con la región que posteriormente se rompió durante un terremoto real de magnitud extrema.

Eso fortalece la posibilidad de utilizar la deformación lenta de la corteza como una herramienta para identificar regiones donde se acumula tensión durante décadas.

Pero existe una frontera que la ciencia todavía no consiguió superar.

El método no predice cuándo ocurrirá un terremoto.

Puede ayudar a reconocer dónde se encuentra una zona peligrosa y dónde podría iniciarse una futura ruptura, pero no permite establecer si esa energía será liberada mañana, dentro de varios años o después de décadas.

Además, una misma falla no necesariamente se comporta de manera idéntica en cada ciclo.

Los terremotos de 1952 y 2025 parecen haber repetido una profunda zona de ruptura, pero se diferenciaron considerablemente en las regiones superficiales responsables de buena parte del peligro de tsunami.

La investigación marca así un avance importante, pero también expone los límites actuales del conocimiento sísmico: los científicos están cada vez más cerca de determinar dónde se acumula la energía capaz de provocar los mayores terremotos del planeta; saber exactamente cuándo será liberada continúa siendo una de las grandes preguntas sin respuesta de la geofísica.

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