Por ABDUL JAROUR
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El inicio de 2026 ya mostró al mundo que estamos viviendo una nueva era marcada por la fuerza y no por el derecho. La captura de Nicolás Maduro por parte de los Estados Unidos, dentro de su propia casa y junto a su esposa, no es solo un episodio de la política venezolana: es un ataque directo al principio de la soberanía nacional y una señal de que las grandes potencias continúan dictando las reglas según sus intereses.
No se trata de defender a Maduro ni de ignorar los problemas internos de Venezuela. El desastre venezolano es real. Pero también es real el historial de intervenciones de los Estados Unidos que, bajo el pretexto de “defender la democracia”, dejan un rastro de destrucción, muerte y países quebrados. Las dictaduras solo se convierten en problema cuando no obedecen a Washington o se niegan a entregar sus recursos. La moralidad usada como justificación es selectiva y conveniente; basta observar a los aliados autoritarios que los Estados Unidos mantienen cuando eso sirve a sus intereses.
🇺🇸 Esta acción recuerda la invasión de Panamá en 1989, cuando Manuel Noriega fue capturado. Ahora surge la duda: ¿serán otros líderes venezolanos —el vicepresidente, ministros de defensa, altos militares— también objeto de prisiones o incluso ejecuciones? Si aceptamos esto como normal, estaremos legitimando un mundo donde el más fuerte dicta las reglas y los demás solo obedecen.
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Ejemplos más allá de Venezuela
Esta realidad no se limita a América Latina. África también es escenario de disputas que revelan cómo la soberanía de los pueblos es constantemente violada o ignorada. Basta recordar a Somaliland, que fue el primer país africano en reconocer al Estado de Israel, pero que hasta hoy lucha por ser reconocido como independiente. O la división de Sudán en 2011, que no trajo paz definitiva, ya que los conflictos continúan hasta hoy. Sin mencionar a la República Democrática del Congo, donde la población sufre desde hace décadas guerras internas alimentadas por intereses externos en los recursos naturales.
Y no podemos dejar de citar a Palestina, símbolo histórico de la lucha por la autodeterminación, que sigue siendo negada frente a la fuerza militar y la política de alianzas estratégicas.
🇷🇺 Por otro lado, vemos a Rusia mantener su base militar en Siria para garantizar influencia en Medio Oriente.
🌐 Mientras tanto, China y la Unión Europea también disputan poder y espacio, dejando a los países más pequeños vulnerables, sin voz y sin protección.
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⚖️ El desafío del derecho internacional
El derecho internacional debería ser el escudo de los pueblos contra los abusos, pero está siendo enterrado. El orden mundial creado después de la Segunda Guerra ya no existe. Lo que vemos es el regreso de la “anarquía internacional”, donde quienes tienen más armas y poder económico deciden el destino de los demás. El multilateralismo, el diálogo entre naciones y el respeto a la soberanía están siendo sustituidos por acciones unilaterales, invasiones y secuestros políticos.
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✨ Conclusión y Repudio
Mi reflexión es clara: no se trata de Maduro, ni de defender regímenes autoritarios. Se trata del futuro de la soberanía, de la justicia y de la paz mundial. Se trata de no aceptar que la fuerza sustituya al diálogo. Se trata de resistir la idea de que el mundo pertenece a quienes tienen más armas, más dinero y menos escrúpulos.
El mundo está conmocionado, y con razón. El año 2026 comenzó mal, y debemos estar preparados para otras situaciones que ya están siendo planificadas y que pueden poner en riesgo aún más países y pueblos.
Por eso, manifiesto mi repudio al bombardeo y al secuestro del Presidente de la República de Venezuela, actos públicamente asumidos y confirmados por autoridades del Gobierno de los Estados Unidos de América, incluido el Presidente Donald Trump. Tales acciones constituyen una grave y flagrante violación del Derecho Internacional, de la Carta de las Naciones Unidas y de los principios fundamentales de la soberanía de los Estados, de la autodeterminación de los pueblos y de la prohibición del uso de la fuerza en las relaciones internacionales.
El secuestro de un jefe de Estado en ejercicio y el empleo de fuerza militar contra un país soberano representan no solo un atentado contra el orden democrático, sino también un precedente extremadamente peligroso para la estabilidad regional y global. La historia de América Latina demuestra de forma inequívoca que las intervenciones militares y las acciones coercitivas unilaterales producen devastación institucional, crisis humanitarias y prolongados ciclos de inestabilidad política, incompatibles con cualquier compromiso genuino con la democracia y los derechos humanos.
Ninguna divergencia política, ideológica o estratégica puede legitimar actos de agresión armada, secuestro de autoridades o la imposición de soluciones por la fuerza. Los conflictos internacionales deben ser tratados exclusivamente por medios pacíficos, mediante diálogo diplomático, negociaciones multilaterales y el pleno respeto a las instancias del sistema internacional, en especial a las Naciones Unidas y a los mecanismos regionales de concertación política.
El principio de autodeterminación de los pueblos, consagrado por la Carta de la ONU, está siendo progresivamente irrespetado por los Estados Unidos, país que ha abandonado los principios del multilateralismo y del diálogo para enfrentar las crisis internacionales.