Menopausia y cerebro: un estudio detectó una reorganización diferente a la observada en la pubertad y el embarazo

Equipo de Noticias Latinas

Los grandes cambios hormonales que atraviesan las mujeres a lo largo de la vida no parecen producir siempre la misma respuesta en el cerebro. Una investigación del Amsterdam University Medical Center, en Países Bajos, publicada en Nature Communications, encontró que la transición hacia la menopausia presenta un patrón diferente al registrado durante la pubertad y el embarazo.

El estudio analizó a 1.095 participantes y observó que el paso de la perimenopausia a la posmenopausia no estuvo acompañado por la misma reducción acelerada del volumen total y cortical de materia gris detectada durante las otras dos etapas.

Los investigadores compararon por primera vez las tres grandes transiciones hormonales utilizando los mismos métodos. Entre las participantes, 34 tuvieron su primera menstruación durante el seguimiento, 70 atravesaron un primer o segundo embarazo y 120 pasaron de la premenopausia a la posmenopausia.

Además, se incorporaron grupos estables de comparación para intentar diferenciar los cambios relacionados específicamente con cada etapa de aquellos vinculados al desarrollo y al envejecimiento normales.

Los autores señalaron, sin embargo, algunas limitaciones: el estado menopáusico fue determinado mediante información proporcionada por las propias participantes, no existieron mediciones hormonales comparables entre las tres cohortes y las imágenes fueron obtenidas mediante distintos equipos de resonancia magnética.

El cerebro responde de manera diferente a cada etapa hormonal

El cerebro experimenta modificaciones durante toda la vida y las hormonas forman parte de esos procesos. Sin embargo, los resultados indican que las transformaciones asociadas a la pubertad, el embarazo y la menopausia no siguen necesariamente un mismo patrón.

Una de las precauciones fundamentales al interpretar los resultados es que las modificaciones de la materia gris no significan por sí mismas una pérdida de capacidades ni un deterioro cerebral. Pueden formar parte de procesos de reorganización y adaptación propios de cada etapa biológica.

Hasta ahora, según los investigadores, solo un estudio longitudinal había examinado los cambios de la materia gris durante la menopausia y se había concentrado exclusivamente en el hipocampo.

El nuevo trabajo amplió el análisis a todo el cerebro e incorporó como comparación tanto a mujeres que permanecieron premenopáusicas como a aquellas que ya eran posmenopáusicas en los dos momentos evaluados.

Pubertad y embarazo: similitudes, pero también diferencias

Tanto la primera menstruación como el embarazo estuvieron asociados con una reducción acelerada del volumen total y cortical de materia gris en comparación con sus respectivos grupos de control.

Durante la pubertad, esa reducción apareció distribuida ampliamente por la corteza cerebral.

En el embarazo, en cambio, se destacó principalmente en regiones parietales posteriores y temporales superiores.

La comparación regional mostró que ambas etapas compartieron modificaciones en áreas de asociación prefrontales, parietales y temporales, pero no reprodujeron exactamente el mismo patrón.

De hecho, en más de la mitad de las regiones corticales estudiadas se observaron diferencias entre la pubertad y el embarazo. En determinadas áreas sensoriomotoras y del cíngulo, la reducción fue mayor durante la pubertad.

Qué encontraron los científicos durante la transición menopáusica

El resultado fue diferente entre las mujeres que pasaron de la premenopausia a la posmenopausia durante el período estudiado.

En ese grupo no se detectó una reducción significativa del volumen total o cortical de materia gris entre ambas exploraciones.

Esa disminución sí apareció entre mujeres que permanecieron premenopáusicas durante todo el seguimiento y entre aquellas que se mantuvieron posmenopáusicas.

Los resultados plantean la posibilidad de que la transición menopáusica atenúe temporalmente el descenso del volumen cerebral relacionado con la edad, aunque la investigación no permite determinar que ese comportamiento sea causado directamente por la disminución de estrógenos y progesterona.

La menopausia pareció diferenciarse, según citaron los investigadores, “no por lo que cambia, sino por lo que no cambia”.

El hallazgo refuerza la hipótesis de que las grandes fluctuaciones hormonales de la vida femenina no activan un único mecanismo de reorganización cerebral, sino que pueden estar asociadas con diferentes formas de plasticidad dependiendo de la etapa.

Una investigación que observó el cerebro en su conjunto

En el estudio también participaron investigadores de la Universidad de Leiden y la Universidad Erasmus de Róterdam, ambas instituciones de Países Bajos.

El trabajo tuvo un diseño longitudinal y utilizó datos de resonancia magnética estructural correspondientes a las tres cohortes.

Los autores consideran que serán necesarias nuevas investigaciones con mediciones hormonales comparables, exploraciones más frecuentes y protocolos de imágenes más homogéneos para comprender los mecanismos biológicos detrás de los patrones encontrados.

Nuria Marín Jiménez, doctora en Biomedicina y en Ciencias de la Salud e investigadora del Grupo Galeno CTS-158 de la Universidad de Cádiz, destacó en declaraciones a Science Media Centre España que uno de los resultados principales es la existencia de determinados patrones compartidos entre pubertad y embarazo, pero con diferencias entre ambas etapas.

“El resultado más llamativo del estudio es que la pubertad y el embarazo comparten ciertos patrones de remodelación cerebral, con reducciones del volumen de materia gris cortical en numerosas regiones, aunque también existen diferencias entre ambas etapas. La menopausia, en cambio, muestra un patrón distinto: durante la transición menopáusica no se observa la reducción significativa de materia gris cortical que sí aparece en mujeres que permanecen en etapas pre o posmenopáusicas estables”, explicó.

Una reducción de materia gris no significa “pérdida de cerebro”

La especialista remarcó especialmente la necesidad de evitar interpretaciones alarmistas sobre los resultados.

“Es importante no interpretar esa reducción de materia gris observada en la pubertad y el embarazo como algo necesariamente negativo o como una ‘pérdida de cerebro’; hablamos de cambios estructurales que pueden formar parte de procesos de reorganización y adaptación cerebral”, señaló.

Marín Jiménez también advirtió sobre las limitaciones del trabajo: “El estudio no dispone de medidas hormonales comparables en las tres cohortes, por lo que no puede demostrar que las hormonas sean directamente responsables de los cambios observados”.

Respecto de la menopausia, añadió que el hecho de no haberse detectado una reducción significativa del volumen cortical durante la transición no significa que el cerebro no experimente cambios, y señaló que los propios autores consideran preliminar esa interpretación.

“El estudio abre una vía muy interesante para entender el cerebro femenino desde una perspectiva de ciclo vital, pero todavía necesitamos estudios que midan directamente los cambios hormonales y permitan saber qué significado funcional tienen estas modificaciones cerebrales y cómo pueden relacionarse con la salud de las mujeres”, concluyó.

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